Opinión
El legado feminista de la era Boric

El feminismo de la izquierda progresista, y no sólo su gobierno, fracasó en este ciclo al no ofrecer respuestas a las problemáticas que aquejan a la mujer de a pie.

El legado feminista de la era Boric

El gobierno del Frente Amplio frustró todas y cada una de sus expectativas en lo que respecta a la agenda feminista. Así al menos lo consideran varias organizaciones consultadas recientemente por La Tercera, que realizaron un balance respecto de su ambivalente relación con la administración de Boric. Así ocurriría, primero, por haberse autodenominado feministas en un principio, ya que ser feminista, en realidad, sería una aspiración permanente más que una credencial (a pesar de que la utilizan así para reclamar superioridad frente a quienes piensan distinto). En segundo lugar, al gobierno saliente le reprochan haber abandonado sus ideales progresistas tras el triunfo del Rechazo. La Coordinadora 8M plantea que “Boric, ideológica y programáticamente, deja de lado las demandas que vienen gestándose desde hace muchos años y hace suyo el programa de la derecha”, cuestión que la misma organización también enfatizó en su declaración oficial tras el triunfo de Kast. Lo anterior demuestra poca autocrítica respecto de las razones de fondo tras el fracaso: contradicciones inscritas tanto en sus contenidos ideológicos como en las formas utilizadas.

Para advertir esas contradicciones basta recordar la relación del movimiento feminista con el Estado. Es difícil olvidar la letra de la canción del colectivo chileno Las Tesis, que se convirtió en un himno feminista mundial, y del estallido social acá en el país. “El Estado opresor es un macho violador” es probablemente el verso más políticamente cargado de esa pieza. Más allá de la liviandad con que lo entonaban las multitudes en las calles, escondía una tensión incómoda: esa misma izquierda históricamente ha abogado por más presencia del Estado. De hecho, durante la primera fase del gobierno y con la fallida Convención funcionando, se le exigía un papel inédito para apoyar la revolución cultural progresista, donde el aborto, la paridad y la educación sexual “integral y no sexista” quedaban blindados en la ley fundamental de la República. Luego vino el caso Monsalve, que hoy parece una profecía autocumplida: el macho violador venía desde lo más profundo del Estado, y su aparataje —la administración Boric— lo encubrió hasta que fue imposible. El movimiento feminista brilló por su ausencia en el episodio.

El feminismo de la izquierda progresista, y no sólo su gobierno, fracasó en este ciclo al no ofrecer respuestas a las problemáticas que aquejan a la mujer de a pie. En parte producto de la inoperancia del propio gobierno –pero también por razones de raigambre más estructural, como la crisis de empleo y de seguridad–, las mujeres chilenas se encuentran hoy peor que hace cuatro años. Por ello, aunque el feminismo mainstream hoy goce de menor popularidad, el gobierno entrante –que no se identifica con este– deberá dar respuestas a los problemas que aquejan las mujeres. Y, al contrario de lo que la izquierda piensa, no es ningún impedimento para aquello que la próxima ministra de la Mujer se declare conservadora y socialcristiana. Es más, se trata de una gran oportunidad para las políticas públicas integrar corrientes de pensamiento que han sido usualmente desterradas. 

Lo más inteligente que puede intentar hacer José Antonio Kast es encauzar el fracaso del feminismo frenteamplista: antes que librar una guerra cultural agresiva de otro signo político, puede hacer propia la búsqueda de mejores condiciones para las mujeres chilenas, esta vez de manera integral (no sólo en lo relativo a los llamado temas valóricos) y en un marco de apertura, en que las más de nueve millones de chilenas puedan tener cabida. Esto, por supuesto, sabiendo que el feminismo de izquierda no lo hará fácil. Creen firmemente que la derecha adolece de una especie de ilegitimidad de origen en la materia, no por nada el eslogan que la Coordinadora 8M eligió para la marcha de este año es “Ni un paso atrás, cien pasos hacia adelante”. El punto es que bajo el gobierno de izquierda que termina esos pasos adelante no existieron. Kast tiene la oportunidad de darlos y así ayudar a mejorar la vida de miles de mujeres, las mismas a las que el gobierno feminista frustró.

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