Opinión
Matar el arte

El arte, entonces, va perdiendo su especificidad, su real gratuidad, su belleza, su autonomía, su gloriosa inutilidad: se convierte en una más de las actividades que hacemos para algo, volviéndola funcional a otros objetivos. Así, ir a ver una obra de teatro se va pareciendo cada vez más a asistir a un conversatorio, observar un discurso presidencial o leer un manifiesto partisano. Curiosa defensa del arte.

Matar el arte

Señor Director:

Ya es conocida la funa al ministro de Cultura, Francisco Undurraga, en “La pérgola de las flores”. Además de los abucheos, en plena función aparecieron pancartas aludiendo al “recorte” en cultura anunciado por el Ejecutivo, así como también modificaciones al guion de este clásico chileno, incorporando alusiones a dichos del Presidente Kast.

Quienes avalan estas formas de expresión artística, de algún modo desprecian las artes: las reducen a un modo más (y nada más que eso) de hacer política, a una mera herramienta de divulgación de hipótesis.

Byung Chul-Han explica muy bien esta tendencia del arte contemporáneo (no fueron tan originales en esto): el arte actual “tiende a comunicar una opinión preconcebida, una convicción moral o política, es decir, a transmitir información (…) Quiere instruir en vez de seducir. La información destruye el silencio de la obra de arte”.

El arte, entonces, va perdiendo su especificidad, su real gratuidad, su belleza, su autonomía, su gloriosa inutilidad: se convierte en una más de las actividades que hacemos para algo, volviéndola funcional a otros objetivos. Así, ir a ver una obra de teatro se va pareciendo cada vez más a asistir a un conversatorio, observar un discurso presidencial o leer un manifiesto partisano. Curiosa defensa del arte.

También te puede interesar:
Flecha izquierda
Flecha izquierda