Quien haya observado algún partido en las últimas semanas habrá notado cómo en determinadas plataformas se sucedían una tras otras las publicidades de los “casinos online”.

Con el término del Mundial llega la hora de los balances. Y entre las diversas aristas a examinar —junto con la superioridad futbolística de España, las discutidas innovaciones reglamentarias y las polémicas intervenciones de Trump e Infantino— destaca la asfixiante difusión televisiva de las casas de apuesta en línea. Quien haya observado algún partido en las últimas semanas habrá notado cómo en determinadas plataformas se sucedían una tras otras las publicidades de los “casinos online”. Ni el horario familiar de la mayoría de los partidos ni el que se trate de actividades ilegales en nuestro país —así declarado además por la Corte Suprema— impedían aquella difusión.
Este hecho es la enésima confirmación de cuán extendido se encuentra el fenómeno. En Chile el tema ha generado debate este año por la legalización de facto impulsada por el Servicio de Impuestos Internos —una medida insólita considerando la promesa gubernamental de promover el orden y proteger a la familia—, pero la verdad es que la errada apuesta del SII es sólo la última abdicación de un sistema que en su conjunto ha hecho poco y nada por luchar contra una auténtica epidemia de nuestra época.
Aquí no hay exageración: la dinámica de los “casinos online” amplifica todos los males vinculados a la ludopatía. En la medida en que está al alcance de la mano —literalmente: es cosa de meter la mano al bolsillo y tomar el celular—, no se enfrenta a ninguna de las restricciones que de modo habitual limitan al juego y el azar. Por de pronto, ni el límite geográfico ni la exigencia de ser mayor de edad rigen para esta singular industria. De ahí que mueva tanto dinero, razón que explica a su vez su masiva presencia en nuestro medio, incluyendo la publicidad del fútbol profesional y, por supuesto, de varias de las cadenas que transmitían el Mundial.
¿Pero hay algo que hacer al respecto? Cierta mentalidad de raigambre económica (economicista) suele formular la pregunta con resignación, asumiendo que sólo resta recaudar vía impuestos lo que sea posible, bajo la lógica del “peor es nada”. Sin embargo, ello implica omitir “externalidades negativas” relevantes, comenzando por la más elemental: la experiencia internacional sugiere que la legalización aumenta las apuestas en línea, no las disminuye, en perjuicio de los niños y jóvenes adictos al juego.
Paradójicamente, si se quisiera tomar en serio y fiscalizar la actividad ilegal de los “casinos online”, una de las claves reside precisamente en la dimensión económica del asunto: muchos de sus pagos se realizan por medios formales y establecidos. Si no apuntamos al dinero, tal vez es porque no lo intentamos. Porque —en un hecho socialmente muy revelador— quizá no queremos hacerlo.



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