Documento publicado en La Segunda, 04.05.2017

«“Somos palomas”. Así se definió un grupo de jóvenes que vive hoy en la calle, luego de haber escapado varias veces de los centros residenciales del Sename. Con esta expresión profunda y cargada de significado, ellos dan cuenta de una experiencia radical: el no ser reconocidos por la sociedad en su carácter de personas, dotadas de dignidad. La frase es muy decidora: Palomas. La gente nos mira, a veces nos tiran comida, otras nos espantan, pero la mayor parte del tiempo pasan por nuestro lado, nos miran en menos o no existimos. Este testimonio se inserta en el debate sobre la crisis del Sename, que recrudeció en los últimos meses a raíz del conocimiento público de la muerte de 243 niños fallecidos en centros residenciales dependientes de este servicio entre el 2005 y 2016. A ellos se suman otros cientos de menores cuya dignidad no ha sido respetada. Estas trágicas historias muestran sólo una parte — la más visible— de un problema profundo que la sociedad, por diversas razones, no ha querido enfrentar. Se trata de una realidad cuya gestación es de larga data, y para comprenderla quizás sea necesario remontarse hasta los inicios de nuestra historia nacional».

De esta manera, Catalina Siles, introduce el documento Los niños invisibles del Sename. 6 Claves para el Debate, cuyo extracto publica hoy el diario La Segunda.

El tema cobra cada vez más importancia, especialmente cuando entramos de lleno en el período preelectoral, en el cual los candidatos deben pronunciarse sobre temas relevantes para la sociedad, como son las políticas de infancia.  Y es así, porque la problemática del Sename no atañe sólo a los niños. «Detrás de los niños institucionalizados en el Servicio Nacional de Menores (Sename) se esconde una realidad aún más dramática y compleja que su actual condición de precariedad por el mal funcionamiento del sistema. Se trata de una situación anterior a la llegada de esos niños a las dependencias del Estado y sus organizaciones colaboradoras, y que está determinada por las condiciones de privación en que se encuentran las miles de familias que deben ser separadas de sus hijos», afirma Catalina Siles.

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