Artículo publicado el 07.10.10 en El Mercurio.

El tiempos de apuro y pantallas, una serie de publicaciones, ligadas a fundaciones y universidades, apuesta por el papel y la pausa para debatir y difundir ideas, artes y literaturas.

El jueves, en la Primavera del Libro, se realizó un diálogo sobre periodismo y revistas culturales. Participaron la editora de Palabra Pública, Evelyn Erlij; el editor de Revista Santiago, Álvaro Matus: la crítica literaria y académica Patricia Espinosa; y el periodista e investigador especializado en música chilena David Ponce.

Hablaron de la necesidad de valorar el ocio de la gente; del indispensable rol que cumplen las publicaciones culturales como mediadores entre la producción cultural, a veces muy entusiasmada, y las audiencias; pero sobre todo, de lo nocivo que sería para un país no contar con tribunas para el debate de ideas y la crítica.

De izquierda a derecha

Ensayos, entrevistas, reportajes, perfiles, reseñas y críticas sobre la teoría de género, la crisis de la democracia, la cuarta ola feminista, nuestra salud mental, novedades literarias, el trabajo de artistas visuales. Eso se encuentra en una serie de revistas culturales que, de un tiempo a esta parte, quieren enriquecer el debate de ideas. La más reciente es Punto y coma, del Instituto de Estudios de la Sociedad, lanzada en septiembre; de línea conservadora, su primer número está dedicado al populismo y la crisis del liberalismo. Desde el año pasado existe Átomo, de la Fundación para el Progreso; anclada en el «liberalismo clásico», su edición más reciente se enfocó en el feminismo, y la primera, a la corrección política.

La mencionada Santiago, de la Universidad Diego Portales (UDP), con un abanico de perspectivas, de izquierda a derecha, reflejan la impronta de la universidad; en su séptima entrega aborda la tensión entre esfera pública y privada; y antes, en la sexta, la nueva ola feminista. Palabra pública, de la Universidad de Chile, también es expresión de la institución que la sostiene, en este caso una universidad pública; en sus últimos números ha llevado en portada a Judith Butler y a Agustín Squella, para hablar de género y neoliberalismo, respectivamente. Con más trayectoria, Revista Universitaria, de la Universidad Católica de Chile, apuesta en su dossier a la variedad de voces académicas para tratar asuntos sociales; su edición 153, por ejemplo, investiga la deuda de Chile con la salud mental.

Los directores y editores de los medios citados coinciden en la necesidad de aportar mayor reflexión a la esfera pública, mostrar los encuentros y desencuentros en el mundo de las ideas y las artes, visibilizar discursos que a veces pasan por alto, construir o reflejar una comunidad intelectual, aportar con una meditación más pausada e interdisciplinaria sobre el presente, y ofrecer alternativas a la emocionalidad, inmediatez y ligereza de las redes sociales y la televisión abierta.

Una reflexión impresa

Aunque ninguna de estas publicaciones reniega del medio digital y otras plataformas (al contrario, ven allí un complemento), apuestan por el papel, por el objeto más perdurable que es una revista impresa. Joaquín Castillo, (subdirector del IES) y editor de Punto y coma, cree que entre los medios de comunicación y la academia «hay un territorio amplio que permite un pensamiento más libre, con mayor pretensión estética, orientado al diálogo público, que logra trabajar con el arte y el pensamiento con menos corsés. Fernando Claro, editor de Átomo, agrega: «Creímos necesario aportar con reflexión de calidad en momentos tan polarizados; e incluir cuestiones culturales y artísticas porque son parte del mundo de las ideas. Es algo divulgativo, no académico, pero de calidad».

«Someter a reflexión racional la cuestión del sentido e intercambiar puntos de vista diversos y razonados sobre el mundo que tenemos en común, ha sido desde siempre una de las tareas de las universidades y es también la tarea de nuestra revista», explica Carlos Peña, rector de la UDP y director de Santiago. Faride Zerán, vicerrectora de Extensión de la U. de Chile y directora de Palabra Pública, también apuesta por abrir la academia. «En una universidad compleja deben entrar no solo papers y los especialistas», dice. «La universidad como la torre de marfil, de espaldas o aislada de los problemas y debates de la sociedad a la que se debe, es un concepto antiguo. Expresiones como Palabra Pública deben leerse como otras formas de vincularse con el medio, otras maneras de hacer extensión, ya no entre cuatro paredes».

En un mundo donde la información es desbordante y muchas veces falsa, revistas como estas son aún más importantes… «Más necesarias», precisa Miguel Laborde, director de Revista Universitaria. «En alguien hay que confiar, no puede ser que uno viva en la pura incertidumbre. Eso es lo que le ha ido dando un perfil a las revistas. Por ejemplo, en este asunto de la emergencia climática, ¿cuándo empezó?, ¿ha habido otras en la historia?, ¿es cierto que es la peor? Bueno, esas son cuestiones inquietantes para la sociedad y uno tienen que poder preguntárselo a alguien».