Opinión
“Tragedia propia”

Lo ocurrido tanto en 2019 como en la época de la fallida Convención Constitucional significó una constatación vital de la fragilidad de nuestro orden democrático, así como también una cruda confirmación —una más— de que las ideas tienen consecuencias, premisa que funda el trabajo del IES y que las derechas jamás deben olvidar.

“Tragedia propia”

Señor Director:

Agradezco las generosas palabras de Eugenio Tironi en su columna de ayer acerca del papel que cumple el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) en la escena pública chilena.

A diferencia del esfuerzo intelectual que perfilaron Tironi y su generación en los años 80, nuestra reflexión no surge motivada por una tragedia como el quiebre de la democracia (aunque ya desde 2013 hemos examinado sus dolorosos antecedentes y efectos con la publicación del libro “Las voces de la reconciliación”). Nuestro Instituto nace en otro contexto, marcado por un acelerado proceso de modernización y las consiguientes tensiones del Chile contemporáneo, desde el estancamiento y declive demográfico hasta la progresiva ruptura de los consensos de la transición.

Como es sabido, dicha ruptura es anticipada por la “revolución pingüina” de 2006 —año de la fundación del IES—, se vuelve patente con las protestas de 2011 y alcanza su punto más álgido en medio de la crisis que estalló en octubre de 2019. Todo esto guarda directa relación con la pregunta de Tironi en torno a la “tragedia” de nuestra generación, porque fenómenos de esa índole no se eligen, sino que cabe enfrentarlos cuando emergen. Y quienes crecimos y nos educamos en democracia (tengo 41 años) antes del 18-O jamás experimentamos tal nivel de polarización y validación expresa o tácita de la violencia política, ni menos el justificado temor de que la “vía de los hechos” interrumpiera un gobierno de modo ilegítimo.

Así, lo ocurrido tanto en 2019 como en la época de la fallida Convención Constitucional significó una constatación vital de la fragilidad de nuestro orden democrático, así como también una cruda confirmación —una más— de que las ideas tienen consecuencias, premisa que funda el trabajo del IES y que las derechas jamás deben olvidar.

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