Opinión
Resultados Pisa: extirpamos el órgano y exigimos la función

"Si queremos realmente mejorar la educación escolar, no podemos dejar de mirar el obstáculo en que se han convertido las redes sociales para el aprendizaje de los niños".


Resultados Pisa: extirpamos el órgano y exigimos la función

La OCDE vino a confirmar con exámenes, números y gráficos algo que todos intuíamos: el uso de las redes sociales entorpece el aprendizaje de los estudiantes. Esto nos recuerda algo aún más obvio: es necesario concentrarse para aprender.

Pisa es una prueba internacional desarrollada por la OCDE para medir, entre otras cosas, qué tan preparados están los estudiantes de 15 años para resolver un problema matemático o comprender lo que dice un texto. Resultaría ingenuo, entonces, pensar que se trata de una evaluación que mide habilidades rebuscadas o en desuso. Considerando lo anterior, los pésimos resultados de Chile en la prueba Pisa 2025 -los peores en 20 años- son preocupantes.

Según datos de la misma OCDE del año 2022 (la medición PISA incluye también un cuestionario), los estudiantes chilenos de 15 años dedicaban un promedio de 45 horas semanales a redes sociales. Esta alucinante cifra es aproximadamente la duración de la jornada laboral: 9 horas diarias. De los 81 países analizados ese año, Chile obtuvo la cifra más alta en este ítem. Tres años después, en la medición de 2025, los resultados de nuestro país hablan por sí solos: apenas el 41% de los estudiantes evaluados alcanza el nivel básico esperado en matemáticas, mientras que en comprensión de lectura caímos 12 puntos (y la misma OCDE explica que 20 puntos equivalen a un año de escolarización). Es cierto que estos datos no bastan para demostrar la causalidad entre ambos fenómenos (más horas en redes sociales, peores resultados), pero hay al menos una correlación muy sugerente que sería obtuso ignorar. Por supuesto, los bajos resultados obtenidos en 2025 pueden provenir de causas muy diversas, y dentro de aquellas causas podrían contarse un sinfín de actividades en pantalla, pero la cifra de PISA 2022 mide específicamente horas de redes sociales.

Los resultados de Pisa 2025 llegan mientras en Chile se discute el proyecto de ley de “Entornos Digitales Seguros”. El proyecto ha sido promovido por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, y busca, entre otras cosas, prohibir el acceso a redes sociales a los menores de 16 años. Como era de esperar, la idea ha suscitado muchas críticas: la imposibilidad de llevar a cabo la medida; la excesiva restricción a los niños -pues atentaría contra su autonomía progresiva-; la supuesta necesidad de que los jóvenes se familiaricen gradualmente con estas plataformas; los peligros para la privacidad que implica aplicar medidas muy gravosas de identificación online.

Varios de estos argumentos merecen ser tomados muy en serio. Por lo pronto, la sobrerregulación es un peligro, y una medida como la mencionada podría promover la tentación de pensar que los problemas de crianza se resuelven con leyes. En estas materias, pareciera que la prudencia juega un rol fundamental: no es evidente en qué momento una ley de este tipo traspasa el umbral de búsqueda del bien común y pasa a inmiscuirse en el deber inalienable que tienen los padres de educar a sus hijos. Así, no se trata de dejar todo a la regulación, y por lo tanto de delegarle al Estado el deber de educar, sino de tomarle el peso a un fenómeno que ha ido mostrando -cada vez con más fuerza- tener consecuencias sociales que merecen ser consideradas: pareciera que esta vez, no basta con contestar “que cada uno haga lo que quiera”.

De este modo, más allá de la pertinencia de la medida en concreto, el proyecto parece ir en la línea adecuada: si queremos realmente mejorar la educación escolar, no podemos dejar de mirar el obstáculo en que se han convertido las redes sociales para el aprendizaje de los niños. En La abolición del hombre, C.S. Lewis expone cómo nos empeñamos en reclamar para nuestra civilización ciertas cualidades, al tiempo que hacemos imposible su cultivo: “extirpamos el órgano y exigimos la función”. Trayéndolo al caso que comentamos, es absurdo levantar pancartas por la calidad en la educación escolar mientras no se restrinja severamente el uso de redes sociales en esta etapa.

Por último, es evidente que la discusión no se trata solo de cómo mejorar los resultados de la prueba PISA. Cuidar el modo en que los niños aprenden es cuidar su salud mental (ya se han ido notando los efectos de las redes sociales en este ámbito), la educación universitaria (no hay buena universidad posible si los estudiantes no entienden lo que leen), y, en último término, el tipo de ciudadanos que queremos cultivar. Ya lo dijo mejor Gabriela Mistral: “así como sea la escuela, así será la nación entera”.


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