"El Presidente Kast llegó al poder prometiendo enfrentar una emergencia, y será juzgado en unos años más en gran medida según cuántos chilenos vuelvan a tener pega. Si para eso hace falta llamar a Keynes al rescate, que así sea; Friedman y Hayek lo entenderán".
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Más allá de la aprobación del proyecto de reconstrucción y de la reducción de los ingresos de migrantes irregulares, los seis primeros meses del gobierno no han sido fáciles. A ciertos problemas en el diseño del gabinete se han sumado, principalmente, la frustración ciudadana ante un panorama poco auspicioso respecto de la emergencia económica y laboral que Kast prometió enfrentar durante su campaña. Como es sabido, el país está estancado, hace años que crece lo mínimo y el desempleo ya bordea el 9,5%, con casi un millón de personas sin trabajo.
En ese contexto, el anuncio de este lunes, “Chile despega, con más pega”, merece atención. Se trata de un plan de acción para hacer frente a la crisis laboral que atraviesa la economía chilena, consistente primordialmente en subsidios al empleo e inversión pública a través de los ministerios de Obras Públicas y Vivienda, junto con acelerar la cartera de proyectos de obras municipales que estén listos para comenzar su ejecución. Así, el gobierno espera generar en total cerca de 125 mil empleos adicionales, de los cuales unos 100 mil vendrían del subsidio a la contratación y otros 25 mil, aproximadamente, de la aceleración de la inversión pública.
El plan tiene un tinte indiscutiblemente keynesiano, es decir, inspirado en la doctrina del economista británico John Maynard Keynes, quizás el más influyente del siglo XX. Su fórmula suele asociarse al New Deal, el plan de recuperación basado en inversión pública con que el presidente F. D. Roosevelt enfrentó la Gran Depresión que siguió al crack del 29. Lo curioso es que Kast, su partido y su trayectoria representan lo contrario. Es más, hasta ahora se han reconocido herederos de la tradición liberal de Friedman y Hayek, los grandes adversarios intelectuales de Keynes. Y eso es precisamente lo interesante: el anuncio agrega una nueva perspectiva a la forma en que el gobierno ha enfrentado la crisis hasta ahora.
Hasta aquí, en efecto, el énfasis ha estado puesto en otra parte. La narrativa es la siguiente: el Estado aparece cada vez más endeudado y con menos margen para inyectar gasto público destinado a prestaciones sociales para las familias afectadas. En ese marco, el gobierno ha buscado ordenar las cuentas fiscales y recortar distintas fuentes de gasto, algunas muy polémicas, como el “bencinazo” u otros programas sociales. Por otro lado, su primer gran proyecto (y triunfo) fue la referida megarreforma que baja los impuestos a las empresas, con la cual se busca promover el crecimiento económico. Estas decisiones le han valido al gobierno una imagen de ortodoxia económica, encarnada en el todopoderoso ministro Quiroz, que ha alimentado la acusación de neoliberalismo y economicismo desde la izquierda. Son caricaturas, pero a veces tienen fundamento al menos en el modo de comunicar las decisiones que se adoptan. En definitiva, el gobierno no ha sabido instalar que los recortes para ordenar las cuentas fiscales son precisamente una garantía para el gasto social, el “bencinazo” a días de asumir fue una decisión discutible –podría haberse optado por una alternativa más gradual–, y, además, nada asegura los plazos ni la magnitud en que se percibirán los efectos positivos de la megarreforma por parte de la población. Quienes aducen que al ejecutivo “sólo le importa la economía”, tienen de qué aferrarse.
En ese contexto el plan pro-empleo, de ser bien comunicado y capitalizado -y, por supuesto, de tener éxito-, puede ayudar en varios sentidos. En primer lugar, permitirá disipar esas caricaturas, mostrando que la disciplina fiscal no equivale a indiferencia frente a quienes han perdido su trabajo y lo están pasando mal. Segundo, podría dar más protagonismo (y buena prensa) a otros ministros y subsecretarios que han aparecido poco, compensando el desproporcionado protagonismo del ministro Quiroz. Y, finalmente, puede servir para tender puentes con la oposición y concitar apoyo en los sectores del oficialismo que han sido más críticos. En estos días, por ejemplo, se discutió en los medios acerca de la “piñerización” del gobierno que desde RN plantean como necesaria. La idea es discutible por varias razones -sean de contexto, porque Kast le ganó efectivamente a la centroderecha, o porque hay aspectos de los gobiernos de Piñera que es mejor no repetir-, pero si hay algo que fue tal vez su mejor legado, es el millón de empleos creados en su primer período. Eso sí vale la pena de imitar y reivindicar.
Está por verse si el plan tiene buenos resultados, que se puedan traducir luego en aprobación ciudadana. Pero el anuncio deja al menos una lección que el gobierno haría bien en no olvidar, y es que, ante situaciones adversas como el complejo escenario económico y laboral actual, hay que estar dispuesto a ceder en algunas concepciones arraigadas.
El Presidente Kast llegó al poder prometiendo enfrentar una emergencia, y será juzgado en unos años más en gran medida según cuántos chilenos vuelvan a tener pega. Si para eso hace falta llamar a Keynes al rescate, que así sea; Friedman y Hayek lo entenderán.



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