"¿De qué sirve abogar por una mejor educación cuando en paralelo se practican el hostigamiento y la violencia contra hombres y mujeres?"
.png&w=1200&q=75)
En estas semanas el exconvencional y actual diputado del Frente Amplio, Jaime Bassa, ha defendido las lógicas de octubre de 2019 e incluso la designación de Plaza Italia o Baquedano como “Plaza dignidad”, popularizada al calor del fuego y la irrupción de la primera línea. Es una triste ironía del destino que en medio de la reivindicación de Bassa el país haya presenciado una decadente reminiscencia de dichas lógicas en el frontis del campus Casa Central de la UC.
El libreto es conocido: marchas convocadas —bajo un gobierno de derecha, por supuesto— por un puñado de agrupaciones sociales cuya real representatividad es más que dudosa; hostilidad de parte de algunos participantes (no pocos) contra quienes expresan una opinión diferente en el espacio público; imposibilidad fáctica de llevar a cabo estas manifestaciones sin episodios de violencia; excusas posteriores que atribuyen el vandalismo a los “descolgados”; y así.
Pero en esta ocasión la secuencia de hechos fue aún peor que de costumbre, al punto que incluyó agresiones con gas pimienta y bencina (¿qué habría pasado si alguien prendía un cigarro a los jóvenes rociados con bencina?), así como también patadas por la espalda a mujeres de parte de los encapuchados de turno. “Veo a niñas golpeadas por un ultrismo de izquierda criminal”, resumió el sociólogo socialista Alfredo Joignant, mostrando la lucidez y valentía de la que carecieron otras voces.
En la raíz de estas conductas tan delictivas como antidemocráticas confluyen múltiples factores, pero hay uno especialmente relevante de subrayar, sobre todo a las puertas de un nuevo aniversario del 18-O: la distorsión de conceptos como justicia y dignidad; la idea según la cual la proclamación de nobles fines u objetivos legitima cualquier modo de perseguirlos. Una de las grandes paradojas de octubre de 2019 es que mientras en el discurso se reivindicaba aquella dignidad, en la práctica sencillamente se la pisoteaba (basta recordar “el que baila pasa”).
Nótese la paradoja: una de las implicancias de tomarse en serio el valor intrínseco de cada persona —lo propio de la dignidad— es comprender que el fin no justifica los medios. En la negación de este principio elemental reside uno de los mayores extravíos del período previo y posterior al estallido social; ahí se encuentra por lo tanto uno de los principales puntos ciegos del diputado Bassa (y tantos otros) al momento de hablar de la crisis de octubre; y en eso mismo consiste el más visible error moral e intelectual observado en la marcha del jueves pasado. ¿De qué sirve abogar en el papel por una mejor educación y una sociedad más justa cuando en paralelo se practica la cancelación, el hostigamiento y la violencia contra jóvenes y mujeres?




.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)

.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)

.png&w=3840&q=75)
.png&w=3840&q=75)
