Opinión
Verdades que se tocan

¿La mejor defensa de las Humanidades es una que mete eso bajo la alfombra? No, pero también es una ilusión creer que estos problemas (que son globales, pero no universales) se solucionan reorientando el saber al territorio de lo empíricamente verificable o lo que tiene utilidad inmediata.

Verdades que se tocan

Al discutir las decisiones del Ministerio de Ciencia vale la pena recordar que muchas cosas aparentemente contrastantes pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puede que el ministerio tenga razón en reorientar el programa Becas Chile, por ejemplo, y que a la vez se equivoque sobre los postdoctorados.

Puede ser verdad también que la derecha –la “tradicional” y la “nueva”– esté marcada por cierta dosis de antiintelectualismo, con baja comprensión de lo que se hace en Humanidades y Ciencias Sociales. Cuando la ministra afirma que las nuevas áreas prioritarias están abiertas a estos campos no dice algo falso, sino que expresa esa mirada: le parece que estas disciplinas se justifican si estudian, digamos, el cibercrimen.

Otra verdad: en la izquierda las prioridades son distintas, pero también ahí prima una mirada utilitaria sobre el saber. La fórmula es “transformación” más que productividad, pero la idea de un conocimiento como valioso en sí mismo tiende a ser ajena al conjunto de la cultura contemporánea. Por cierto, tanto la derecha como la izquierda tienen ahí un punto: si la sociedad sostiene con sus impuestos un área del saber, tiene derecho a levantar preguntas incómodas sobre su sentido. El punto es si acaso “sentido” se puede reducir a utilidad.

También es cierto que estos problemas perennes se ven reforzados, en la percepción de la derecha, por el estado de nuestras disciplinas. En el caso chileno se hizo más visible durante el estallido social y la Convención, pero se trata de una crisis global de activismo, identitarismo, y afán de transformación. Para el observador honesto e interesado hay cada semana ejemplos desconcertantes. ¿La mejor defensa de las Humanidades es una que mete eso bajo la alfombra? No, pero también es una ilusión creer que estos problemas (que son globales, pero no universales) se solucionan reorientando el saber al territorio de lo empíricamente verificable o lo que tiene utilidad inmediata. Eso es evadir la crisis de las disciplinas en lugar de empujar a que la enfrenten.

Y luego están las muchas verdades que se olvida en el plano de los números. Por lo pronto, que los proyectos en este campo suponen menos recursos que en otras áreas, y que los porcentajes de proyectos adjudicados guardan poca relación con los porcentajes del presupuesto total. Aun así, pueden ser cifras a revisar de cara a una más amplia repartición, que permita a más jóvenes humanistas continuar una carrera de estudio y transmisión de la cultura tras su doctorado. Ya que no habrá más dinero fiscal –una verdad elemental, sea cual sea el gobierno de turno–, sería hora de preguntarse cosas así. ¿Y qué decir de las verdades calladas sobre el futuro del paper en el reino de la IA? Estas cosas se tocan, pero quede eso para otra ocasión.

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