Sembrar un futuro en que se vuelva a leer es también sembrar un mundo de horizontes amplios

Se celebra esta semana el día del libro, y ocurre en medio de uno de los puntos más lamentables de nuestra larga crisis educacional. De hecho, como nunca la emergencia educacional y la de seguridad se han cruzado. Hay un piso mínimo para responder a ese trágico cruce, y al respecto debiera haber un acuerdo transversal: se debe poner todos los medios para recuperar las condiciones básicas bajo las cuales la educación es posible. También el castigo –incluso en la forma severa de la expulsión– es una forma de educación. Cosas así de elementales vale la pena recordarlas. Los escépticos sobre estas medidas tienen, sin embargo, toda la razón del mundo cuando apuntan a su insuficiencia. ¿Recuperar el orden para qué?
Una manera de responder a esa pregunta es notando qué caminos alternativos le compiten al sistema escolar. Uno de esos caminos es el provisto por el narco. En lugar del tortuoso e incierto camino de la educación, dicho mundo ofrece acceso inmediato al goce, el poder y el éxito. Lo mismo puede decirse de las apuestas online. ¿Cómo luchamos contra eso? Para innumerables profesores esta es una pregunta real. Y más vale reconocer que en esa misma cancha –del goce, el poder y el éxito– no le vamos a ganar a esos competidores.
Pero hay otra cancha en que sí se les puede ganar: en la simple recuperación de la vocación como horizonte vital fundamental. Se puede triunfar en la propia vocación y gozarla, pero nadie que tenga una vocación la ejerce por mero deseo de poder o hedonismo. Este aspecto merece además ser levantado no solo contra el narco, las apuestas y onlyfans, sino también contra la estrecha imaginación vocacional de una élite que usualmente no piensa en más que dos o tres carreras. Hoy es tarea esencial de la educación poner al descubierto la idea misma de vocación, y la multitud de formas y caminos que esta toma. Es aquí, en la idea de vocación, donde la escuela se cruza con el sentido mismo de la vida; es aquí donde la educación es a la vez exigencia y descubrimiento de la propia tarea y los propios talentos.
¿Hay algo único que los libros hagan posible de cara a esa misión? Ciertamente. Como escribía C.S. Lewis, “Cuando leo la gran literatura me convierto en mil personas diferentes sin dejar de ser yo mismo”. Esto no quita ni resuelve nuestra crisis de convivencia y seguridad. Tampoco es que los lectores sean mejores personas que el resto, y cuando se jactan de serlo más bien son peores. Pero sembrar un futuro en que se vuelva a leer es también sembrar un mundo de horizontes amplios, en que se vive más de una vida, en que la educación lleva a un genuino descubrimiento. En medio de las urgencias, es una buena semana para alzar la mirada y mantener estas tareas a la vista.




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