Opinión
La tecnología no es neutral

El carácter no neutral de la técnica se revelaría si miramos hacia Silicon Valley, hacia quienes la conciben y financian.

La tecnología no es neutral

El propósito de Magnifica Humanitas no es simplemente preguntar por “la preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial”, sino en algún sentido relanzar todo el programa de la doctrina social cristiana. Pero su foco central evidentemente reside en la revolución tecnológica en curso. Al respecto plantea no solo una preocupación general que luego aterriza en ámbitos como la educación. El documento de hecho advierte que “no basta invocar genéricamente la ética”. Por lo mismo, incluye una mirada sobre la naturaleza misma de la técnica, que se puede condensar en el hecho de que esta no es neutral. Ella no es un bien ni “tampoco un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral”, afirma.

Vale la pena subrayar lo central de este punto, pues para cualquier persona formada en la tradición intelectual de siglos y milenios pasados parecería obvia la tesis contraria: que el martillo es bien usado si golpea a un clavo y mal usado si golpea a un compañero; que la bondad de las herramientas depende entonces de su uso, que por tanto serían precisamente neutrales. Contra eso León XIV afirma que la tecnología “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.

Ahora bien, una lectura de estas líneas ha acentuado la manera en que ellas interrogan el poder. El carácter no neutral de la técnica se revelaría si miramos hacia Silicon Valley, hacia quienes la conciben y financian. Se trata de una lectura pertinente. La técnica no es simplemente un poder del hombre sobre la naturaleza, sino el poder de unos hombres sobre otros usando a la naturaleza como medio (como célebremente lo formulara C.S. Lewis en “La abolición del hombre”). En el caso de esta encíclica, esa atención prestada al poder converge además con la idea de subsidiariedad y con la búsqueda de una sociedad cuyos polos de poder se encuentren por tanto dispersos.

Sin embargo, sería un error reducir la cuestión de la neutralidad a este punto. Son igualmente relevantes las decisiones y prioridades que van de la mano de la técnica, “lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones”. Es a propósito de eso que en su párrafo 104 la encíclica describe como “apremiante” la cuestión de la no neutralidad. Cuarenta años atrás, en “Technology and Justice”, el filósofo canadiense George Grant escribía que la técnica se ha vuelto destino. No quería con eso formular una tesis determinista, sino mostrarnos cómo un computador pende de un tipo de civilización, una civilización tecnológica que por lo mismo le impone también un rumbo (un “destino”) a los instrumentos que crea. Va siendo hora de que nuestra discusión incorpore la conciencia de este hecho.

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