Opinión
Un trending topic no hace un “revival”

"Podemos advertir mayor visibilidad de ciertas expresiones religiosas, nuevas formas de movilización o búsquedas de sentido. Lo que aún no podemos saber es cuáles de estos elementos son pasajeros y cuáles terminarán consolidándose en el tiempo".

Un trending topic no hace un “revival”

En una columna de finales del año pasado, Emilia García indicó que “Dios está en los trending topics”. Su diagnóstico ayudó a poner un tema importante sobre la mesa, dando voz a una impresión que desde entonces –tanto en el panorama nacional como en el internacional– ha aparecido con cierta frecuencia: algo parece estar ocurriendo entre los jóvenes y la religión. Para desarrollar esta idea mencionó algunas señales que efectivamente llaman la atención: Rosalía cantando sobre temas religiosos, estadios llenos con jóvenes católicos, retiros espirituales con listas completas, aplicaciones de oración e influencers que presentan al rosario como algo “cool”. El problema reside en derivar de estas observaciones más de lo que realmente nos permiten afirmar hoy. 

La existencia de jóvenes católicos –junto a otras vertientes cristianas– que participan activamente de la vida religiosa, incluso cierta postura contracultural, no supone necesariamente un retorno generacional a la religión. Tampoco que ciertos símbolos religiosos circulen con mayor comodidad en la cultura popular significa que este aumentando la fe. Que un fenómeno sea masivo o altamente visible no significa que sea representativo. Confundir visibilidad pública con prevalencia, capacidad de movilización de grupos intensos con extensión poblacional, o uso de símbolos religiosos con un cambio duradero en las creencias son inferencias que conviene evitar. 

Afirmar lo contrario, es decir, que avanzamos inequívocamente hacia la secularización total –como tantas veces se ha señalado de modo irreflexivo– implica cometer el mismo error. Que las señales destacadas no permitan anunciar el “regreso de Dios”, tampoco significa que este desaparezca de la vida social. Si queremos tomar enserio el análisis del comportamiento y las creencias religiosas debemos realizar una pregunta que requiere ir un paso más atrás: ¿Cómo se está configurando la relación con lo religioso en aquellos que están ingresando a la vida adulta?

Las personas que hoy tienen veinte años no se constituyeron repentinamente en 2026. Sus creencias, intuiciones y modos de comprender la realidad se han ido formando durante las últimas décadas. En ese sentido, crecieron en una sociedad con una plausibilidad religiosa menor a la de sus padres y abuelos, pero también vivieron experiencias que estos no tuvieron en sus etapas formativas. La digitalización radical de la vida cotidiana, trasformaciones en la composición familiar, períodos políticos complejos –como lo fue el 18 de octubre de 2019 y los años que siguieron– son parte del ambiente en que aprendieron a interpretar el mundo.

No es posible saber de antemano entonces cuál será la relación de esta nueva generación con la religión, pues no podemos asumir una evolución lineal. Que durante las décadas anteriores las cohortes más jóvenes hayan sido menos religiosas que las anteriores, no implica que esa trayectoria sea una suerte de “ley histórica”. Nada asegura que esa trayectoria deba reproducirse indefinidamente hasta la desaparición de lo religioso. 

La dificultad de analizar el fenómeno reside en que las generaciones no vienen con una etiqueta que explique su relación con la religión. Aun si concediéramos que estamos observando un mayor interés por lo religioso entre los jóvenes, todavía quedaría abierta una serie de preguntas y distinciones: ¿estamos viendo algo característico de una determinada etapa de la vida? ¿Es una reacción a circunstancias específicas de este tiempo, o una transformación –o incluso consolidación– duradera de creencias en una nueva cohorte? De hecho, solo esta última explicación nos permitiría hablar con propiedad de un cambio generacional. 

Realizar estas advertencias nos ayuda a comprender de forma más cautelosa el panorama religioso, resistiendo las miradas deterministas que asumían una única evolución, pero cuidando también conclusiones demasiado optimistas ante las nuevas señales que efectivamente aparecen. En este sentido quizás lo más llamativo del momento actual no sea que podamos anunciar un retorno de la religión, sino constatar que la relación con ella parece estar reconfigurándose y los jóvenes de hoy son generosos en la expresión de ello. 

Podemos advertir mayor visibilidad de ciertas expresiones religiosas, nuevas formas de movilización o búsquedas de sentido. Lo que aún no podemos saber es cuáles de estos elementos son pasajeros y cuáles terminarán consolidándose en el tiempo. Por lo mismo, quizás la principal lección para quienes asumieron una proyección lineal e incontenible de la secularización sea, no que Dios volverá a ponerse de moda, sino que la relación con lo religioso, por cierto, cambiante según las épocas, nunca desaparece.



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