Opinión
La not-autocrítica

"Un día antes de la instalación de la Convención, Atria hablaba de la responsabilidad que tenían los convencionales, y del consecuente deber de asumir una eventual derrota como propia. Horas después del triunfo del “Rechazo” —corolario del fracaso de la Convención— el mismo Atria encuentra culpables en todos lados, menos en sus propias decisiones e intervenciones".

La not-autocrítica

Un día antes de la instalación de la Convención Constitucional el año 2021, Fernando Atria sostuvo en una entrevista a CIPER que “cuando la Convención empiece, todos los convencionales van a sentir sobre sus cabezas la responsabilidad, porque si el proceso constituyente fracasa los primeros que vamos a tener que decir que fracasamos somos nosotros”. A cuatro años de un fracaso escandaloso, Atria sigue culpando al empedrado.

El mismo día del plebiscito de salida, lejos de asumir la derrota como propia — esa había sido la promesa— Atria encontró rápidamente otros culpables. En una entrevista en CNN, le preguntaron qué se sentía haber sido el artífice de la derrota del plebiscito, a lo que el abogado respondió “Yo no creo que haya un artífice. Y yo no creo haber sido el artífice ni nada parecido”. Cuando le preguntaron cuáles habían sido, entonces, las causas del triunfo del “Rechazo”, apuntó en distintas direcciones: la desinformación en la campaña, la situación económica, “varias cosas”. Los periodistas insistieron en preguntar cuál era la autocrítica, y el exconvencional respondió que “muchos votantes sintieron una especie de vértigo, de un texto que tenía desde el Estado social hasta los derechos de los animales”. Como puede verse, la “autocrítica” la formuló respecto de lo que sintieron los votantes, y no respecto del proyecto constitucional que hizo que afloraran esos sentimientos (lo que recuerda a la memorable sentencia del expresidente Boric sobre el mismo plebiscito: “no puedes ir más rápido que tu pueblo”). Finalmente, Atria remató diciendo que hay que analizar los motivos del fracaso “con menos ánimo de juzgar que de entender lo que pasó”.

Nótese el contraste: un día antes de la instalación de la Convención, Atria hablaba de la responsabilidad que tenían los convencionales, y del consecuente deber de asumir una eventual derrota como propia. Horas después del triunfo del “Rechazo” —corolario del fracaso de la Convención— el mismo Atria encuentra culpables en todos lados, menos en sus propias decisiones e intervenciones. Y no solo eso: le parece que es importante analizar el resultado con un ánimo de benevolente comprensión, pero no de juicio. O sea, esa enorme responsabilidad que los convencionales iban a “sentir sobre sus cabezas” de pronto se ha esfumado: solo importa comprender (como si una correcta comprensión no implicara necesariamente una evaluación).

A propósito del cuarto aniversario del rechazo de salida, Jaime Bassa (otro protagonista del fracaso de la Convención) se ha mostrado agotado de que les pidan explicaciones y autocríticas: “ya es hora de que otros empiecen a dar explicaciones (…) y se nos deje sistemáticamente de preguntar solo a los exconvencionales”. Sostiene que ellos llevarían cuatro años haciendo autocrítica, y que habría una especie de obsesión de los medios (“se nos pregunta sistemáticamente”) por seguirla exigiendo. Sugiere, en línea similar a la de Atria, que en el triunfo del “Rechazo” habría una responsabilidad relevante de los medios de comunicación, pues “farandulizaron de una forma increíble el proceso constituyente, convirtiéndolo en un verdadero reality” (pasando por alto que un reality no es atractivo si sus personajes no dan material suficiente).

Si muchos aun esperamos la autocrítica, es porque ésta sigue pendiente. Seguir exigiéndola no se explica por ensañamiento o por el gozo que causaría ver el reconocimiento del error. El motivo es otro: en la medida en que esa autocrítica siga pendiente, está razonablemente abierta la posibilidad de que los principales artífices de dicho proceso vuelvan a intentarlo. Es más: hay indicios que permiten sostener que el texto plebiscitado el año 2022 les sigue pareciendo una buena idea. Dicho de otro modo, si ellos creen que el proceso falló solo por una campaña del terror, por culpa de “los bots” o por ir “demasiado rápido”, y no por el contenido del proyecto, entonces lo justo sería que la historia terminara de otro modo. Al parecer, algunos convencionales se siguen entendiendo a sí mismos como víctimas de una injusticia, más que como artífices de un proyecto injusto.

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