Opinión
Lecciones de Dawkins para Dawkins

Sus consecuencias para la manera en que incorporamos la tecnología en nuestras vidas no podrían estar más al centro del debate actual

Lecciones de Dawkins para Dawkins

En una columna publicada en el diario británico UnHerd, el biólogo Richard Dawkins escribió esta semana sobre su experiencia dialogando con una inteligencia artificial, Claude (a quien acaba llamando “Claudia”). Tras tres días en “diálogo” con “ella”, le pareció que estaba tratando con un ser consciente. Dawkins parece así ser la última víctima de los asombrosos resultados que arroja ese tipo de experiencia. A más de alguien esta le parecerá una cuestión teórica de importancia dudosa para la discusión pública. Pero no es nada trivial la pregunta por el punto en que nos topamos con lo distintivamente humano. Y sus consecuencias para la manera en que incorporamos la tecnología en nuestras vidas no podría estar más al centro del debate actual. En el caso de Dawkins, esto se topa además con una larga trayectoria de influencia en ese debate: hace ya dos décadas que dio una batalla intelectual cuyos efectos acabó en algún sentido lamentando.

Su mayor popularidad, en efecto, la tuvo en ese tiempo, cuando su nombre brillaba entre los restantes expositores del nuevo ateísmo. El hombre que hoy ve una conciencia tras la IA, no veía un Dios tras el universo. Con incomparable celo evangelístico se dedicó a difundir la buena nueva de su inexistencia. Esto no era solo cosa de escribir libros. En Inglaterra incluso financió una campaña en que los buses portaban el anuncio “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de tu vida". Ese movimiento puede parecernos hoy algo ridículo, pero no podemos ignorar la influencia que tuvo. Y tenía al menos algo de franqueza que no se encuentra en todas partes.

Durante los últimos años, esa misma franqueza llevó a Dawkins a mirar con distancia el mundo que había contribuido a crear. Definitivamente el retroceso de la creencia en Dios no se había traducido en un mundo con más conciencia cívica ni más racionalidad científica. En la discusión sobre la transexualidad le tocó constatar esto de cerca. Terminaría renunciando al comité asesor de la Freedom From Religion Foundation, después de que estos se volvieran escépticos del lugar de la biología en la determinación de quién es una mujer. Más temprano ese año se había descrito a sí mismo como un “cristiano cultural”. No es que tuviera por cierto lo afirmado por el cristianismo, pero le importaba ahora su herencia cultural. Tal vez no haya forma más rotunda de perder esa herencia, sin embargo, que perdiéndose en la pregunta por la conciencia, cayendo en la trampa que la imagina como sustituible. Veinte años más tarde, Dawkins corre el riesgo de repetir una dudosa trayectoria. Antes de entusiasmarse, tal vez valga la pena ponderar esta vez con tiempo las previsibles consecuencias.

También te puede interesar:
Flecha izquierda
Flecha izquierda