Opinión
El secreto de Giorgia

Tal vez aquí esté la principal lección de esta gira. ¿Se puede aprender también de otros? Claro está. Pero no se puede ser a la vez Bukele y Meloni.

El secreto de Giorgia

Es bien conocido el elenco de reacciones que causó la gira internacional del presidente electo: los encuentros con Bukele, con Orban, o con Patriotas por Europa, confirmaron para muchos la imagen que tenían de Kast: aquí no habría más que extrema derecha y amenazas varias para la democracia. Vale la pena subrayar, sin embargo, que el último de los encuentros, con Giorgia Meloni, no causó las mismas reacciones. Pocos años atrás las habría causado, pues era común que se la nombrara como un ejemplo más del populismo de derecha. No es solo su éxito lo que ha llevado a controlar ese reflejo. Ocurre que entre esos movimientos hay diferencias genuinas y relevantes (por ejemplo en la relación con Rusia), que solo lecturas muy burdas pueden seguir ignorando.

¿Cuáles son entonces los secretos de Meloni? ¿Qué es lo que le permite ser una figura respetada en el escenario global y al mismo tiempo ser un referente apreciado por los votantes de Kast? Apenas podemos esbozar aquí una respuesta, pero salta a la vista que uno de sus primeros rasgos singulares es la capacidad para unir a derechas muy distintas. La rivalidad dentro de las propias filas con frecuencia ha hundido gobiernos italianos, pero Meloni ha logrado mantener a raya este mal. Se trata de un campo en el que las lecciones para Chile son obvias. Una mínima conciencia de la propia responsabilidad debería llevar a controlar las gruesas caricaturas que a veces persisten entre aliados, y el pragmatismo con que ha obrado Meloni puede ser un buen ejemplo a seguir.

Pero no se trata de puro pragmatismo. Meloni ha mantenido identidad en cuestiones clave. Es explícita, digamos, a la hora de describir el tipo de civilización por la que se siente responsable, y es también firme a la hora de sacar adelante políticas en que eso se concreta (piénsese, por ejemplo, en la prohibición de la maternidad subrogada). Pero como ha mostrado, es posible conseguir esos logros manteniéndose en el mainstream de la política europea y evitando generar controversia por solo darse gustos menores.

En el crítico ambiente actual, eso ha tenido efectos palpables. Los ha tenido en el plano internacional, volviéndose junto a la Alemania de Merz un polo de conducción de Europa. Ha sabido mantener una relación cordial con Trump, pero sin caer en la adulación que le rinden otras “nuevas derechas” y sabiendo trazarle límites cuando las circunstancias lo exigen. En el plano nacional, la sola duración de su gobierno ya es elocuente: es el tercero más largo de la República italiana, comparable a lo que acá sería una reelección. Tal vez aquí esté la principal lección de esta gira. ¿Se puede aprender también de otros? Claro está. Pero no se puede ser a la vez Bukele y Meloni.

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