Opinión
Gabriel Boric, el primer opositor

El 12 de marzo Boric quiere ser tanto el primer opositor como el primer candidato al 2029. El diseño tiene su pertinencia, porque el progresismo no tiene otros liderazgos competitivos y —por la fuerza de las cosas— la oposición necesitará un rostro visible.

Gabriel Boric, el primer opositor

¿Qué papel jugará Gabriel Boric a partir del 11 de marzo del 2026? La pregunta merece ser formulada, pues es indudable que muchas de sus decisiones de los últimos meses no remiten tanto a su gobierno como a su futuro. Su propósito es claro: transformarse en la personalidad excluyente de su sector. En esta lógica, el 12 de marzo Boric quiere ser tanto el primer opositor como el primer candidato al 2029. El diseño tiene su pertinencia, porque el progresismo no tiene otros liderazgos competitivos y —por la fuerza de las cosas— la oposición necesitará un rostro visible.

Sin embargo, el plan tiene dificultades imposibles de soslayar. Por de pronto, el problema de las izquierdas no es tanto de rostros como de programas (este síndrome ya lo vivió Michelle Bachelet, cuando pensó que su popularidad personal bastaba para renovar a su mundo). Para peor, el mismo mandatario está en el origen del laberinto de su sector. En efecto, él vino a desafiar —y enterrar— a la Concertación, sepultar el neoliberalismo, y ganarle a la “ultraderecha”. Sabemos que nada de eso resultó, y su generación terminó convirtiéndose en aquello que abominaba: mediocres administradores de una decepcionante realidad. La interrogante es entonces si Gabriel Boric —y el Frente Amplio— están en condiciones de ofrecer una respuesta satisfactoria a la pregunta por el proyecto. Y aquí surgen muchas dudas, porque la izquierda que él encarna fue insuperable a la hora de impugnar, retar y desafiar, pero debe decirse que no ha elaborado nada parecido a una reflexión que permita explicar sus fracasos.

El presidente parece creer que el personaje que ha construido sirve de sustituto para las preguntas delicadas. Incluso, esta semana estuvo dispuesto a invitar a un muralista a pintar la Moneda (“sin permiso, para los que vienen”, aseveró) para mostrar que sigue siendo el mismo, que no ha perdido nada de su rebeldía original. Gabriel sigue siendo Gabriel, y la derrota electoral no le hace mella. Para las izquierdas, esto es una tragedia: los desafíos por venir son de otro calado, y nada indica que el actual mandatario esté preparado para enfrentarlos.

También te puede interesar:
Flecha izquierda
Flecha izquierda