Editorial: Pensar el Estado

"¿Queremos tener un Estado subsidiario y solidario, o un modelo de bienestar con prestaciones universales? ¿Qué significan uno u otro en específico? ¿Queremos que sigan existiendo grandes bolsones de empleos que respondan al gobierno de turno, o buscaremos impulsar una agenda de modernización del empleo público, más allá de los costos implicados? ¿Cómo hacerlo? Para responder estas y otras interrogantes se requiere alto rigor técnico, pero también un vigoroso trasfondo cultural que considere de modo adecuado las circunstancias políticas e históricas en que se insertan los debates del Chile postransición".

marzo del 2021
Editorial: Pensar el Estado

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Por Claudio Alvarado y Joaquín Castillo


La crisis política y social que azota a Chile desde octubre de 2019 presenta múltiples aristas. Entre otras, la imposibilidad de controlar el orden público con pleno respeto a los derechos humanos, la deslegitimación de nuestras principales instituciones públicas, la desconexión entre la ciudadanía y sus representantes políticos, y el proceso constituyente como su principal apuesta para canalizar esta crisis de manera pacífica e institucional. Las causas que nos llevaron a este complejo escenario fueron analizadas profundamente en Punto y coma n.º 3. Desde luego, los retos son innumerables, y por momentos el desafío pareciera ser sencillamente titánico. Sin embargo, como sugiere Daniel Mansuy en el artículo inaugural de esta revista, si hay un ángulo privilegiado para analizar y enfrentar este conjunto de problemas, tal es el prisma del Estado.

Nuestras dificultades no se agotan ahí, pero lo cierto es que la revuelta primero, y la pandemia después, no solo tensionaron al máximo la capacidad del aparato estatal, sino que revelaron de forma dramática sus carencias y tareas pendientes. Cualquier coalición, del signo que sea, debería reconocer las deudas de nuestro Estado y la importancia de tomarse en serio este déficit para poder solucionarlo. En este escenario, la tarea constituyente adquiere una nueva faceta. La Convención Constitucional no puede, afortunadamente, rehacer la vida social, pero sí puede contribuir a perfilar modificaciones significativas en cuanto al papel y la organización del Estado. Ahí reside una de las claves para superar nuestra crisis y, por lo mismo, ahí debiera estar uno de los ejes del debate público en los próximos meses y años.

Hay, eso sí, otro motivo adicional que explica por qué Punto y coma n.º4 se estructura en torno a la reflexión sobre el Estado. Este año se cumplen cuatro décadas desde la aparición de un texto fundamental: el Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, de Mario Góngora. Con su habitual lucidez y profundidad, quien fuera reconocido en 1976 con el Premio Nacional de Historia publicó una obra tan discutida como ineludible, que hasta nuestros días representa una referencia obligada a la hora de evaluar la trayectoria política e institucional del país.

En parte, esto se debe a quién era Góngora: un “historiador universalmente citado”, para Joaquín Fermandois; el “más riguroso, metódico y penetrante de los historiadores chilenos”, según Sergio Villalobos; el “más importante historiador de la segunda mitad del siglo XX”, al decir de Alfredo Jocelyn-Holt; en fin, un “modelo de historiador” para Gabriel Salazar. Pero, más allá del hombre y del intelectual, el Ensayo es una referencia obligada hasta hoy porque ofrece una mirada panorámica y original del Chile republicano, escrita, además, en un período particularmente crítico de nuestra vida independiente. En él, Góngora sincera la angustia que lo movió a publicar esta obra: las tensiones del Chile posdictadura fueron prefiguradas en ese instante, en que la modernización capitalista venía a cerrar un ciclo de “planificaciones globales” que todavía dividen a nuestros compatriotas. Y la propuesta de Góngora no dejó indiferentes a los actores políticos: la polémica recepción que suscitó su Ensayo —debate que ha sido recogido en las posteriores ediciones del texto, realizadas por la Editorial Universitaria— dan cuenta de una interpretación disputada acerca de la historia nacional. Eso no quita, sin embargo, que a cuatro décadas de su publicación esta lectura continúe estimulando a nuevas generaciones preocupadas por los asuntos públicos.

Las páginas que siguen ponen en diálogo nuestra crisis con las tesis de Góngora, bajo la convicción de que resulta indispensable volver a preguntarnos cómo el Estado puede recuperar su función principal: ser el mediador de los intereses ciudadanos. Por supuesto, el ejercicio supone rescatar algunos argumentos del Ensayo, que lúcidamente anticipó las “revanchas culturales” que traería consigo la transformación económica impulsada por el régimen de Pinochet. En esta línea, publicamos en este número una reflexión menos conocida del propio Góngora sobre su obra. Esta valoración, sin embargo, va acompañada de lecturas críticas de ciertos planteamientos del historiador. Por ejemplo, su noción de Estado y su idea de las planificaciones globales resultan tan sugerentes como abiertas a distintas lecturas, y de eso también dan cuenta los textos de Punto y coma n.º 4.

Con todo, el principal propósito de este número es mirar hacia el presente y el futuro del país y, en particular, de nuestro aparato público. Por ese motivo, a los puentes entre la reflexión de Mario Góngora y la actualidad se suman entrevistas y artículos relativos a los equívocos e implicancias que rodean la noción de Estado social, al principio de subsidiariedad —un Estado en forma es limitado y sirve de modo efectivo a la sociedad civil— y a las modificaciones concretas que podría experimentar nuestra burocracia estatal. Todo esto con vistas a cumplir mejor sus deberes y satisfacer en mayor medida las enormes expectativas que hemos ido depositando en ella. Si se quiere, el objetivo es abordar el fenómeno en toda su complejidad, y por ello las entrevistas y los textos referidos están acompañadas de una serie de reseñas de libros. En ellas se reflexiona desde las contribuciones que sobre esta materia hizo Max Weber hasta el debilitamiento contemporáneo de la nación y los desafíos de la administración del Estado.

Se trata, en suma, de una reflexión multidisciplinaria y que busca contribuir, en el marco de la crisis y el proceso constituyente que enfrenta Chile, a examinar del mejor modo posible las preguntas centrales que levanta este panorama. ¿Queremos tener un Estado subsidiario y solidario, o un modelo de bienestar con prestaciones universales? ¿Qué significan uno u otro en específico? ¿Queremos que sigan existiendo grandes bolsones de empleos que respondan al gobierno de turno, o buscaremos impulsar una agenda de modernización del empleo público, más allá de los costos implicados? ¿Cómo hacerlo? Para responder estas y otras interrogantes se requiere alto rigor técnico, pero también un vigoroso trasfondo cultural que considere de modo adecuado las circunstancias políticas e históricas en que se insertan los debates del Chile postransición.

Como decía Hölderlin, el Estado es el “muro alrededor del jardín”. Para fortalecer nuestra vida en común debemos atender a las estructuras e instituciones principales de ese Estado —los ministerios, los juzgados, el Congreso, etc.—, pero también a esas otras dimensiones que componen la experiencia cotidiana de las personas: la familia, la sociedad civil y el mercado. Punto y coma n.º 4 pretende colaborar en ese ejercicio y, por eso, como de costumbre, junto con su parte central también ofrecemos una sección miscelánea: otros problemas, otros libros, otras disciplinas. Las humanidades, las artes y las letras ofrecen un acceso privilegiado al mundo, y su descuido también influye en la crisis de nuestro aparato estatal. Recordarlo hoy también resulta crucial.