
Se debe reconocer que el Estado, como cualquier organización que cuente con poder, es una amenaza para la amistad y el amor. No puede sustituirlos y sí destruirlos. Es el muro en torno al jardín, dice el Hyperion de Hölderlin, el jardín no puede ser creado, sólo protegido por el Estado;
pero también destruido por el poder del Estado, tras lo cual no queda más que desierto. Sin embargo, parece una exageración llamarlo “lugar de sinsentido” o decir que “sólo es constreñimiento” sin sentido. En la medida que protege al inocente de los ataques de otros, lo mismo que la vida social y comunitaria, el Estado realiza o posibilita sentido y abre espacio a la amistad y al amor.
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