Carta publicada el miércoles 26 de junio de 2024 por El Mercurio.

Señor Director:

Recientes investigaciones muestran que cuando evaluamos nuestra educación superior más allá de los promedios nos topamos con importantes niveles de subocupación de profesionales y una consiguiente inflación de títulos para labores que antes no los requerían. A menor nivel socioeconómico, además, mayor es el riesgo de terminar subocupado.

Quienes desertan, por otro lado, se llevan la peor parte, lo cual muestra la lógica credencialista del sistema: el que estudia sin titularse no recibe premio laboral alguno por ello.

Los economistas discuten respecto de si el problema está en la oferta o en la demanda de profesionales. Pero rara vez ponen en la balanza los reiterados y masivos números rojos en comprensión de lectura y uso de aritmética básica que arrojan todas las investigaciones sobre habilitación cognitiva respecto de los egresados de secundaria, y que tienen, de nuevo, una relación directa con el nivel socioeconómico de los estudiantes. ¿Cómo se supone que alguien con una baja capacidad de abstracción logre una formación adecuada con los métodos de enseñanza de la educación superior, y en particular universitaria?

Finalmente, algunos de estos economistas se preguntan si la defraudación de expectativas profesionales tiene que ver con el apoyo de las clases medias a la violencia durante el estallido social. El último paper de Juan Pablo Luna y otros investigadores, titulado “Squeezed from the top: ‘social outburst’ (2019) and elite overproduction” (Plos One, 2024), entrega una respuesta que quizás les sorprenda: sí.

Pablo Ortúzar Madrid
Investigador IES y CPP-UC