Carta publicada el viernes 31 de mayo de 2024 por El Mercurio.

Señor Director:

En una muy discutible defensa del actual gobierno y su supuesto protagonismo en la estabilización del país, Eugenio Rivera (ayer) utiliza de modo tendencioso diversas referencias para fundamentar su argumento. Entre ellas, alude a una afirmación mía, donde critico el actuar del gobierno anterior luego del 18-O.

La cita en cuestión forma parte de un artículo más largo respecto de los desafíos de la derecha nacional, publicado en la revista del IES, Punto y coma, que invito a leer. Allí, subrayo efectivamente la necesidad de examinar la parálisis en que quedó el gobierno de Sebastián Piñera frente a una crisis que lo sorprendió por completo. Sin embargo, de esa afirmación no se derivan conclusiones respecto del papel jugado por la izquierda.

Con un uso mañoso de la referencia, Rivera intenta inexplicablemente salvarla de sus propias responsabilidades en uno de los momentos más difíciles desde el retorno a la democracia. Rivera omite de modo conveniente que, al fascinarse con una movilización que creía suya y que la hizo pasar por alto (o coquetear con) la violencia que la acompañó, y al aprovechar esas circunstancias para poner en riesgo el mandato de un Presidente democráticamente elegido, la izquierda exhibió una de las performances más desleales como oposición de la que se tiene registro en las últimas décadas.

Invito a Eugenio Rivera no solo a hacer un uso mínimamente riguroso de las fuentes con que fundamenta sus argumentos, sino también a revisar interpretaciones parciales y antojadizas de los hechos.

Es válido (aunque muy difícil de cumplir) el deseo de defender al actual gobierno, pero ello no puede hacerse a costa de un esfuerzo comprensivo honesto y profundo. De lo contrario, el diálogo se vuelve progresivamente imposible.