Columna publicada el lunes 27 de mayo de 2024 por La Segunda.

“La única cuenta que debería interesarnos es la cuenta regresiva”, declaraba ayer José Antonio Kast en una entrevista dominical, al ser preguntado sobre la Cuenta Pública que dará el Presidente. Y tiene un punto al fijar la mirada ahí. Se ha repetido bastante que esta es la última cuenta pública con alguna sustancia que podrá presentar el gobierno, pues la próxima ya es una cuenta de despedida. Pero incluso eso puede ser demasiado optimista. Solo los fanáticos de la política, atentos a ella en el día a día, están hoy pensando en la cuenta de este sábado. Cabe prever que el Presidente suba unos pocos puntos en las encuestas y que dos o tres semanas los baje una vez más. No es un hito tan decisivo, y la cuenta regresiva se acerca, en efecto, más de lo que imaginamos.

Pero el acelerado curso del reloj político no afecta solo al gobierno. La cuenta regresiva es también el gran problema del país, cuyos problemas se acrecientan día a día sin que la política logre hacerse cargo de crecientes demandas. Existe una responsabilidad fundamental del gobierno, sin duda, pues ha sido casi la madre de todas sus estrategias dejar que los problemas estallen para ver si así se da la reforma del modo en que quisieran. Pero no son los únicos, y junto a la parálisis legislativa se amontonan los problemas de toda índole. Cuando se anuncia que una escuela en Iquique comenzará a cerrar más temprano como protección ante la delincuencia, tenemos un indicio claro de cómo se está acabando el tiempo. Esa es la cuenta regresiva de todos. Con el gobierno hoy como responsable principal, pero sin inocentes en parte alguna de la política.

La derecha tiene, por cierto, su propia cuenta regresiva en lo que se refiere a la negociación por las municipales, pero la gran pregunta es si José Antonio Kast tiene conciencia de que la cuenta regresiva corre también en un sentido decisivo para su partido. En el Consejo Constitucional que condujeron, una parte fundamental de sus problemas es haber necesitado a Chile Vamos, con quienes antes habían dinamitado toda relación. Pero el fracaso de ese proceso, tras haberse vuelto tan rápido protagonistas de nuestra vida política, no parece haber conducido a aprendizajes relevantes en ese u otro aspecto.

Esa es, al menos, la impresión que deja la entrevista dominical, donde a la usual cantinela (“derecha de verdad” vs. “tradicional”, etc.) se añade la curiosa sugerencia de que sus compañeros de sector están demasiado entregados al análisis y el estudio. El país está paralizado, pero no precisamente porque reinen esas disposiciones. El país requiere decisiones rápidas, pero también tutela, cuidado, atención. Tal vez alguien logre ofrecer esa virtuosa combinación, pero el reloj sigue corriendo.