Carta publicada el lunes 7 de febrero de 2022 por El Mercurio.

Señor Director:

En estas páginas se ha comentado un supuesto cambio de opinión de nuestros investigadores a propósito del deterioro de Santiago. Desde luego, es perfectamente posible que personas distintas subrayen tal o cual énfasis en momentos diferentes (se han comparado opiniones publicadas en contextos muy disímiles, con varios años de distancia). No obstante, quien revise hoy con un mínimo de honestidad nuestro documento “Comercio informal en Chile: 6 claves para el debate” (2017, disponible en internet) encontrará ahí insumos relevantes para la discusión actual.

En efecto, la situación que vive nuestra capital confirma —tal como señala dicho documento— que es necesario “tomarse en serio el comercio informal”; que cabe distinguir este último del comercio ilegal o clandestino; que “la informalidad debiera recobrar fuerza en la agenda pública, buscando políticas orientadas a la formalización con un enfoque multidimensional”; y que urge atender a los aspectos que, en el caso de “los ambulantes, se incumple”. En concreto, hablamos de “una serie de normativas respecto al uso de suelo y espacios públicos, permisos municipales, patentes, etc.”.

Quien viva o recorra habitualmente las calles de Santiago notará que estas consideraciones siguen plenamente vigentes. Hoy, más que nunca, se requieren medidas y enfoques a la altura del complejo desafío que enfrenta nuestra ciudad.