Columna publicada el martes 20 de julio de 2021 por La Tercera.

Aunque las elecciones primarias volvieron a confirmar que las encuestas se equivocan y que la centroderecha, pese a todos sus problemas, goza de cierta vitalidad, es indudable que el gran ganador del domingo fue Gabriel Boric y, con él, el Frente Amplio (FA). Esta coalición no solo dejó en el camino a Daniel Jadue, que pocas semanas atrás parecía invencible. Además, derrotó al alcalde comunista de la mano de un proyecto generacional, que tiene presencia importante en el Congreso, en municipios emblemáticos y en el órgano constituyente.

Conviene reparar en este fenómeno. Mal que nos pese a quienes discrepamos de sus ideas, lo cierto es que hoy no existe ningún proyecto político análogo ni en el centro ni en la derecha (sin perjuicio de múltiples esfuerzos valiosos de relevancia pública). Es indispensable, entonces, preguntarse cómo lo ha hecho el FA para situarse en este lugar que, cualquiera que sea el desenlace de la carrera presidencial, augura varios años de protagonismo de la nueva izquierda.

Un primer elemento digno de destacar ha sido su mirada de largo plazo. Vista en retrospectiva, la victoria de Boric en las primarias se remonta a una década de construcción política y social. Desde el movimiento estudiantil del año 2011, estos grupos han venido trabajando -con aciertos y errores, triunfos y derrotas- en el ámbito universitario, en el activismo social y en diversos territorios del país. Las diferencias con el cortoplacismo que predomina en los actuales líderes de la centroderecha son elocuentes.

Un segundo factor es su articulación entre políticas e ideas. Esto es particularmente visible en Gabriel Boric, cuya densidad y erudición por momentos recuerda a los dirigentes de altura, a los estadistas tipo Ricardo Lagos (en otros instantes Boric vuelve a parecer un dirigente estudiantil). Pero Boric no es una excepción. Jackson andaba “con Atria en la mochila” y varios liderazgos de ese lote exhiben una pasión intelectual que escasea en el oficialismo. Convencido éste que las ideas “ya están” y que solo falta comunicarlas mejor, ha menospreciado una dimensión de la disputa política que ciertos adversarios cultivan a menudo y con indudables efectos en términos de comprensión y persuasión política.

Por último, cabe tener presente la convicción con la que los líderes del Frente Amplio defienden su visión de mundo. Ellos no juegan a la componenda; tampoco buscan esconder su antropología ni su trasfondo cultural. Al contrario, los transmiten con cierto orgullo (aunque esto implique severos errores en algunos casos, como la reivindicación de la violencia o el desconocimiento de bienes tan básicos como la libertad de educación). Que ni el centro ni la derecha hayan levantado un proyecto colectivo semejante solo confirma que, más allá de las inciertas elecciones de fin de año, el panorama será adverso por mucho tiempo más. No hay atajos.