Carta publicada el sábado 25 de julio de 2020 por La Tercera

«La soledad del poder». Así resumió el presidente Piñera las sensaciones que vivió durante la segunda semana de noviembre. Ahí renunció a sacar nuevamente a los militares a la calle, y facilitó lo que terminaría siendo el acuerdo constitucional (favoreciendo, además, el irregular “parlamentarismo de facto” que nos rige: el vacío de poder tiene sus consecuencias).

Pero esa soledad —esa manera de gobernar— venía de antes, y en ella encontramos una clave fundamental del desastre actual. Quizá el ejemplo más visible haya sido el diseño inicial del equipo de ministros. Mientras los partidos y los políticos tradicionales fueron recluidos a carteras sectoriales, Apoquindo 3000 llegó en pleno a La Moneda. Esta tendencia, curiosamente, se profundizó con los últimos cambios de gabinete. Pese a las enormes dificultades que han generado la crisis de octubre, la pandemia y las pasiones antidemocráticas de cierta izquierda, en el comité político —en el centro del poder— los pares del presidente brillan por su ausencia. Y las miradas distintas y autónomas, con la excepción de Ignacio Briones, también. 

Con todo, el problema tiene larga data. Sin ir más lejos, es una triste ironía del destino que hoy encabece el Tribunal Constitucional quien fuera la jefa de asesores de Sebastián Piñera, nombrada por él mismo en el TC bajo su primer mandato. Ese tipo de lógicas —la primacía de las confianzas personales, la indiferencia ante la legitimidad política— ha terminado dañando no sólo a las instituciones, sino al propio Piñera. En circunstancias normales, el Ejecutivo podría recurrir al TC sin mayores inconvenientes. Ahora, en cambio, era inviable. 

Tal vez parezca paradójico, pero el itinerario descrito sugiere un camino para la (muy difícil) reconstrucción del gobierno y del oficialismo. Hay que trabajar en equipo, hay que cuidar la relación con los partidos, hay que articular proyectos compartidos, hay que proteger a las instituciones, hay que tomarse en serio las percepciones ciudadanas, hay que incorporar nuevas perspectivas. Hay que entender, en suma, que ganar elecciones es importante, pero no basta para gobernar un país.