Así como la crisis por el Covid-19 ha significado un cambio radical en la agenda mundial y local, en el IES también debimos reorientar nuestras actividades de acuerdo con esta nueva realidad. El coronavirus y sus múltiples repercusiones –sanitarias, políticas y económicas– se ha convertido en el foco central de nuestras intervenciones en los medios de comunicación. Fue así como, por ejemplo, nuestro investigador Pablo Ortúzar empezó a escribir tempranamente sobre este tema desde el Reino Unido. Primero fue la columna «Coronavirus y Solidaridad», publicada el 13 de marzo por el Diario Financiero, en la que planteaba que para disminuir el ritmo de contagio del virus sería necesaria la colaboración solidaria de todos. En tanto en «Una sola gran primera línea», publicada el 21 de marzo por La Tercera, invitaba a volver a ser una nación con una lucha común, usando como analogía la conformación de una primera línea sanitaria, parafraseando la jerga de las protestas sociales.

Otra arista de la enfermedad guarda relación con sus efectos políticos. No sólo por el cambio de prioridades para el Ejecutivo, sino además porque la necesidad de evitar los contagios obligó –tal como había advertido el ministro Jaime Mañalich– a postergar el plebiscito constitucional, programado originalmente para el 26 de abril, fecha en la que se vislumbra el peak de contagios. Claudio Alvarado, director Ejecutivo del IES, se anticipó al problema en su carta “Postergar el plebiscito”, publicada el 18 de marzo por El Mercurio, a través de la cual delineaba algunas condiciones que debían darse para alterar la fecha de forma adecuada, todas las cuales se cumplieron posteriormente. A su vez, en una carta reproducida el 22 de marzo por La Tercera y titulada: “¿Qué pasará con el proceso constituyente?”, Alvarado sostenía que si bien la crisis sanitaria significará un cambio en las prioridades, nada permite suponer que el proceso constituyente desaparecerá definitivamente de la agenda pública. En el mismo sentido, Alvarado planteó en su reciente columna “La derecha pospandemia” que los coletazos del coronavirus volverán a poner en la agenda pública la disputa acerca del papel del Estado en el Chile del siglo XXI.

Con el paso de las semanas, la emergencia producto del Covid-19 también provocó la suspensión de las clases y el confinamiento obligatorio de niños y padres en las casas de siete comunas de la capital. La decisión de cerrar los establecimientos educacionales –si bien del todo necesaria– provocó un aumento en la carga de trabajo de los apoderados, quienes han debido asumir, muchas veces sin las herramientas necesarias, una gran cantidad tareas y actividades escolares a distancia. Consciente de este problema, Josefina Araos escribió una carta publicada el 19 de marzo por La Segunda titulada “Educar en casa”, la cual se compartió pronta y masivamente en las redes sociales. En su carta, Araos proponía que la nueva realidad que enfrentaban los niños podía ser tomada también como una oportunidad para enseñarles en las casas cosas diferentes a las que aprenden a diario en sus colegios, de mano de sus profesores. El impacto de esta publicación fue recogido por diversos medios, entre ellos la misma La Segunda y Chilevisión.

Otra de las columnas que tuvo gran acogida fue la escrita por Daniel Mansuy y publicada el domingo 22 de marzo por El Mercurio, la cual se titulaba «El regreso de los límites«. En ella, nuestro investigador senior sostenía que el coronavirus nos recuerda que el proyecto moderno, a pesar de sus méritos, se funda en una premisa errónea: no podemos controlarlo todo. «Tal es la lección de humildad que nos duele constatar y, finalmente, aceptar», decía Mansuy.

Por su parte, nuestro investigador senior Manfred Svensson se hizo cargo de la relación entre la pandemia y el temor en «¿Generación sin miedo?«, publicada el viernes 27 de marzo por La Segunda. En la carta, Svensson plantea que las mismas voces que durante octubre se ufanaban de no sentir temor ante el estallido social, eran ahora las mismas que se volcaron al pánico al verse expuestos a la pandemia.

La lista de apariciones en la prensa durante este último mes no termina ahí. No sólo porque los medios están por estos días ávidos de voceros que puedan interpretar lo que ocurre, sino también porque el propio equipo del IES ha querido profundizar en las distintas consecuencias del virus. Es así como Guillermo Pérez se preguntó por cómo cambiaba la pandemia la discusión en torno a los movimientos migratorios en «De fronteras y pandemia«, publicada el último día del mes por El Líbero. Por su parte, Mariana Canales vinculó la emergencia sanitaria con la necesidad de la cooperación en «Coronavirus, sociedad civil y bien común«. Rodrigo Pérez de Arce, por su parte, puso en relieve la importancia de combinar la información científica –la cual es el sustento de cualquier medida de esta naturaleza– con la política, en «Acuerdo político«, una carta reproducida por La Segunda el 24 de marzo. Asimismo, Claudio Alvarado hizo hincapié en que la crisis sanitaria ha reforzado la necesidad de autoridades robustas así como también de un comportamiento responsable por parte de la sociedad civil. De lo anterior se trata su columna «Ni anarquía ni incivilidad«, la cual apareció en la edición del 25 de marzo del Diario Financiero.

El panorama en abril no se vislumbra muy distinto. La propagación del virus en el continente americano probablemente dejará en evidencia las precarias condiciones bajo las cuales se vive en varias localidades de América Latina. La economía sin duda empezará a resentir aún más la paralización de las actividades. Algo que debiera quedar de manifiesto –ojalá transitoriamente– en el empleo, el crecimiento y la inversión. Y en la política, el Gobierno continuará enfrentando los embates de un virus que cambió inexorablemente el curso de los próximos meses. Si el Ejecutivo logra convertir la coyuntura actual en un éxito político es algo que todavía está por verse.