Artículo publicado el 09.12.19 en La Segunda.

El concepto de «derecha social» apareció por primera vez como un sarcasmo de un «Chicago Boy»: Álvaro Bardón, fallecido expresidente del Banco Central (1977-1981), excolumnista, miembro del grupo de economistas que asesoró al régimen militar y referente del liberalismo. Lo definía en 1988 como una derecha «pequeña, sin fuerza, que no tiene ganas» y no convencida del modelo económico.

Treinta años después, «la derecha social» se ha transformado en la bandera del mayor partido del sector, RN, pese a las críticas ortodoxas de ser «populistas» e «irresponsables».

«Se instaló la idea equivocada de que ser de derecha era solamente lo que mandataba el Instituto Libertad y Desarrollo», dijo el 21 de noviembre en la revista Capital el presidente de RN, Mario Desbordes, quien en su partido ha empujado la agenda social en medio de la crisis que estalló en octubre. Y lo ha hecho con el apoyo de RN y a contrapelo del Gobierno.

Días antes, el 13 de noviembre, el prosecretario David Huina, escribió en Twitter que la declaración de principios incluye hace años la cuestión social. Ocurrió en 2014, cuando se hizo una modificación al texto, durante la presidencia de Cristián Monckeberg: «Libertad, rol del Estado, principio de subsidiariedad y sociedad solidaria», dice hoy el punto 5.

Así y todo, fue el senador y exalcalde de Puente Alto, Manuel José Ossandón, quien habría reflotado esta bandera en la campaña de las primarias presidenciales en 2017, usando el concepto de la «derecha social», a partir de una idea de su exasesor y hoy dirigente Samuel Valenzuela.

«La derecha social nace para romper un mito: que el crecimiento económico liderado por nuestro sector no puede conversar con las políticas públicas en pos de la gente, de lo humano. Esta derecha no estuvo presente en estos dos primeros años del gobierno, porque no es espontáneo en La Moneda», dice Ossandón.

En esta crisis, el concepto se ha propagado entre los parlamentarios de RN. Desbordes, que ha encabezado esta «cruzada», ha contado con el apoyo del Instituto de Humanidades de la UDP, Hugo Eduardo Herrera, uno de los ideólogos de esta corriente.

Sin embargo, hay dos centros de pensamiento que están trabajando en la confección de un relato teórico de esa «derecha social».

Ambos think tank funcionan en planos distintos, pero complementarios. IdeaPaís se ha enfocado en asesorías político-legislativas, mientras que en el Instituto de Estudios de la Sociedad, IES, desarrolla reflexiones más académicas.

Distintos a los Chicago

El IES nació en 2006, en medio del debate de ideas por la «Revolución Pingüina». Sus principios son dignidad, subsidiariedad sólida y Estado de Derecho.

Su director ejecutivo, Claudio Alvarado, explica que en el centro confluyen tres tradiciones: liberales, conservadores y socialcristianos.

Su diferencia con otros centros de estudio, argumenta Alvarado, es que «la mayoría pone un fuerte énfasis en la dimensión técnica en los debates y con asesorías legislativas, además de una relación muy estrecha con los partidos. Nuestra preocupación son los fundamentos y el eslabón anterior: antropológicos, morales y políticos de decisiones públicas». «No tenemos ninguna relación formal con ningún partido. Hablamos a todos los estamentos que nos piden. Nos movemos más en el plano de las ideas», dice.

Alvarado pone el acento en su «transversalidad». Por eso, cuenta que a presentaciones de libros han ido Óscar Landerretche, Carolina Tohá, y que existe un «diálogo fluído» con el Centro de Estudios del Desarrollo (cercano a la DC), en especial con Sergio Micco, además de gente del Frente Amplio.

También dialogan en RN con Andrés Allamand y el diputado Schalper, y con Bellolio, en la UDI. «Tenemos buenas relaciones con los ministros Gonzalo Blumel e Ignacio Briones», añade.

Agrega que a Desbordes «solo lo conoce personalmente Pablo Ortúzar, aunque tenemos una buena opinión de lo que ha hecho en medio de esta crisis».

Sobre la «derecha social», Alvarado señala que si el concepto «significa empujar una economía social de mercado, distinta al Chicago gremialismo, alejada del liberalismo a rajatabla, la vemos con buenos ojos. Pero eso depende de cómo se llene de contenido. Si se ata a un determinado liderazgo, no tenemos nada qué hacer». «Hoy hay una oportunidad de que derechamente se abandonen ciertas categorías noventeras», resume.