Entrevista publicada el 23.10.19 en La Tercera.

El analista, director del Centro Signos de la Universidad de los Andes e investigador senior del IES critica la demora del Presidente Piñera en tomar decisiones que cambien el rumbo de la crisis y asegura que la imagen de las Fuerzas Armadas en la calle representa «el fracaso de la política».

¿Cuánto cambio Chile entre el viernes al mediodía y hoy?
Las fechas siempre son arbitrarias. Si bien es cierto que Chile cambió entre el viernes y hoy, es porque había algo que estaba larvado que no habíamos visto o no habíamos percibido. Me parece evidente que hoy las condiciones y las categorías de la discusión no son las mismas que las del viernes en la mañana, y negarlo sería una cosa muy obtusa. Algo pasó que las categorías pasaron. Incluso uno podría pensar que ni siquiera es tanto el viernes, sino que el alargamiento de todo esto, que tengamos cuatro días de toque de queda, es una muestra de que es algo profundo, algo grave, no es una casualidad y que no podemos discutir como habríamos discutido el viernes en la mañana.

¿Tiene una explicación para el estallido?
Hay varias posibles. A partir de las alzas del metro hubo como una cristalización de un malestar que todavía sigue siendo un poco desarticulado, que aún nadie sabe a ciencia cierta donde está y en qué consiste, que es un malestar contra el régimen chileno, con la manera en que nos hemos organizado. Hay mucha gente que está muy mosqueada, que siente que la instituciones y la representación política o el Estado en general no ha sabido procesar ni responder a esas demandas. Es la cristalización de una distancia brutal entre las instituciones y lo que percibe la gente el día a día. Un fenómeno difuso que toma cuerpo con lo del pasaje, aunque lógicamente que esto no pasa sólo por 30 pesos más o menos.

¿Donde estuvo la falla que produjo este quiebre?
En una clase dirigente -que incluye a la clase política, pero no es sólo ella- que fue indolente respecto de ciertos procesos sociales y se privó de los medios para percibir ese malestar. Se cegó deliberadamente. Hay cosas que nunca hemos querido ver, que no nos interesan. Ahora quizás sí, pero son cosas que durante años vimos, naturalizamos, pero que a la gente se le hacen cada vez menos soportables. Por eso creo que es un fracaso de toda la clase dirigente, de la manera en qué proceso las tensiones que produjo el desarrollo en los últimos 30 años. Se pensó que el progreso corregía los problemas del progreso. Por eso pienso que son todos los sectores. Por ejemplo, uno puede pensar que la gratuidad universitaria desvió una cantidad de recursos altísima hacia los universitarios y hoy el gasto fiscal tiene una presión enorme porque el diagnóstico de la Nueva Mayoría fue que ese era el foco de tensión.

No sería, entonces, sólo una reivindicación contra políticas de corte liberal.
Esas son una parte fundamental, pero no es todo. La izquierda no ha tenido una mejor lectura de la sociedad que la derecha. Por motivos distintos. La derecha encerrada en cierto lenguaje tecnocrático-economicista y la izquierda embelesada en los movimientos sociales más visibles. Uno hoy podría preguntarse si no valía más la pena meter la plata de la gratuidad en pensiones o en salud.

¿Qué lectura hace de la forma que tiene este estallido social, sin líderes visibles ni estructura?
Justamente confirma el fracaso de la intermediación política y social. No hay liderazgo, no hay articulación, no hay demanda, y eso supone que nadie, ni el Frente Amplio que le encantaría hacerlo, tiene la voz de esto. Cualquier persona que quiera arrogarse la voz de esto está mintiendo. Y quizás esto es lo grave, porque cuando uno se queda sin esas instancias de intermediación, no tienes como leer o satisfacer esas demandas porque no sabes cuál es. Y eso hace todo más complicado. Estamos caminando por un terreno desconocido, para el que no tenemos mapa, cartografía ni brújula. Y eso agrava el problema, porque para esto se requiere líderes políticos de un nivel muy alto y yo hasta ahora no los he visto.

Y en ese escenario, ¿cómo ha manejado el gobierno la crisis?
En un primer momento, con razón, se centró en el tema del orden público, porque si te están quemando estaciones de metro esa tiene que ser tu urgencia. hasta ahí eso era entendible. Pero tres o cuatro días después el gobierno no ha modificado mucho esa mirada y eso si que es grave, porque está claro que el fenómeno tuvo mucha violencia, hay que condenarla y es inaceptable que parte de la izquierda haya sido obsecuente con eso, pero el fenómeno no se explica sólo por la violencia sino que requiere más explicaciones y me parece que el gobierno no tiene instrumentos intelectuales para leer lo que está pasando y de ahí que esté desarticulado y no tenga discurso para responder a todo eso.

En los últimos días apostó a establecer un diálogo con la oposición y ha esbozado anuncios en materia legislativa. ¿Es suficiente?
Me preocupa. Llevamos cuatro días de toque de queda y todavía siguen anunciando cosas. No sé cuanto más aguanta el sistema con toque de queda y con militares en la calle. Creo que el gobierno no ha tenido un sentido de urgencia. Esto es grave, los tiempos son cortos y se requieren gestos mucho más decididos, que pueden ir de un cambio de gabinete, medidas concretas. Recoger el guante significa asumir en tu discurso que algo cambió y el gobierno sigue reaccionando mal y tarde. Efectivamente el gobierno ya no sigue hablando de guerra, que fue un error profundo, pero tampoco ha acusado el golpe completamente. Y naturalmente hay que entender la insuficiencia total que tiene una reunión con los presidentes de los partidos en las circunstancias actuales. Porque si el fracaso es de la intermediación, el presidente puede juntarse con representantes de todos los partidos y no es seguro que eso lo ayude a salir de este problema, porque justamente ninguno de esos actores ha mostrado capacidad para leer este momento, y están actuando sin mucha más brújula que la que tiene el gobierno. Una foto con todos los políticos tradicionales no estoy seguro que ayude a Piñera.

Y en esa lógica, un cambio de gabinete quizás también termine siendo inocuo.
Si está mal hecho puede significar más de lo mismo. En el diseño ministerial original del Presidente no puso políticos de experiencia salvo a su primo y eso hoy le pasa la cuenta porque no tiene actores políticos de primera línea que puedan hacer frente a esta situación con una espalda política relevante. Entonces, el cambio de gabinete es importante, primero por una señal simbólica, y otra porque el gobierno necesita urgente nuevas cabezas y nuevas miradas que lo puedan orientar y ayudar a salir de esto. Porque hoy el gobierno está en cero, no está haciendo mucho. Se necesitan ministros con mayor autonomía, mayor capacidad discursiva y mayor capacidad de conectar con lo que está pasando. Y eso el gabinete actual no lo ha tenido.

¿Y cómo debe abordar el tema de fondo, más allá del cambio de gabinete y los anuncios legislativos?
En el fondo el gobierno tiene que hacer algo que es bastante doloroso pero que yo creo que a estas alturas es inevitable: cambiar el diagnóstico con el cual accedió al poder. Ese diagnóstico fue ‘vamos a hacer un gobierno de derecha sin complejos”, el presidente confió mucho en sus propios medios, dejo a los políticos un poco marginados, y no hizo una lectura correcta de que Chile había cambiado. Mirado hoy, lo del 2011 parece ser una bicoca al lado de lo que estamos viviendo ahora. El gobierno pensó que todo eso se había acabado, que había sido una mala pesadilla, una mala noche y que el rechazo a la Nueva mayoría implicaba una adhesión total a la derecha tradicional. Pero ese diagnóstico estaba completamente equivocado, habían otros procesos que se estaban larvando en el país al mismo tiempo y, por tanto, un diagnóstico distinto requiere un diseño distinto, un programa distinto, una manera de enfrentar los problemas distinta, pero hay que partir por cambiar ese diagnóstico. En Chile hay malestar y ese malestar requiere algo más que el discurso que la derecha tradicional ha tenido durante los últimos 30 años.

¿Qué representa para la derecha este estallido? Tomando en cuenta particularmente de la idea que tenía ese sector de proyectarse en el poder más allá de este período. 
Esto es como una nueva repartida de la baraja. Aquí nadie sabe cómo va a salir. Es un rebaraje completo que puede incluso reconfigurar el paisaje político entero en cuanto a su estructura y sus liderazgos. Pero las cartas todavía están volando en los aires, por lo que sería muy precipitado decir algo. Ahora, sí está claro que cualquier sector con mayor sensibilidad social y cualquier actor que haya tenido mayor sensibilidad por ese lado, tiene más posibilidades. Son esos fenómenos que te cambian todo. Hace dos semanas todos pensábamos que Lavín iba a ser presidente y hoy día, bueno, puede ser, pero ya nadie lo diría con ese nivel de certeza. Porque realmente no tenemos idea.

Cuando habla de sectores de mayor sensibilidad a social ¿puede ser esta una buena noticia para el Frente Amplio o para el PC?
Yo al  Frente Amplio lo veo muy descaminado. No han tenido capacidad de liderar, simplemente se ha plegado de una manera un poco infantil a todo esto. Muy adolescentes. Ahora, no descarto el surgimiento de nuevos liderazgos sociales, aunque es difícil que emerjan y que se articulen. Pero cuando decía eso pensaba sobre todo en figuras de la derecha. El discurso que ha tenido Mario Desbordes, me parece que esto ratifica algunas cosas que él viene diciendo hace tiempo. El mismo Ossandón puede salir un poco rehabilitado de todo esto.

¿Qué le genera ver a las Fuerzas Armadas en la calle tomando en cuenta la carta histórica derivada del régimen militar?
Por un lado me parecía indispensable sacarlas en este minuto. Este es un último recurso pero un recurso al fin y al cabo. Sí representa el fracaso de la política, el que la política no logró procesar demandas y no logra hacerse cargo de ciertas cosas. Esto es más complicado todavía si los militares en la calle no logran imponer el orden o lo hacen con mucha dificultad, eso también es muestra de otro fracaso. Porque si los militares no actúan por presencia, bueno, quedan pocos resortes. Entonces, me da sobre todo pena y lo lamento mucho. Yo era niño cuando había militares en la calle en otro tiempo y pensé que eran tiempos idos. Así es que lo miro con pena y como un fracaso de la política y de la política en grueso. O sea, este no es un fracaso del gobierno. Yo soy muy crítico del gobierno, lo he sido antes y lo soy ahora también, pero me parece que tener esto solo como un fracaso personal de Sebastián Piñera, también es un profundo error. Este es un fracaso de todos el sistema y todos los actores.

Tomando en cuenta que Piñera es el único político de derecha elegido dos veces Presidente de Chile.  ¿Cómo afecta este episodio la mirada que tendrá la historia sobre él?
Salvo que haya un cambio radical en las condiciones y que Piñera se revele como un gran líder que logra leer este momento político, creo que claramente ese juicio va a ser modificado radicalmente. Porque lo que quedará en la retina va a tener que ver con esto, con un gobierno que no supo manejar ni leer ni percibir esto. Creo que ese juicio que era verdadero, es verdad que es el único dirigente de derecha que ha ganado dos elecciones presidenciales, perfecto, y con amplia mayoría la segunda, perfecto. Al mismo tiempo vale decir que el gobierno dos veces se vio enfrentado a movimientos sociales grandes que no supo manejar ni controlar ni conducir. Entonces, las dos cosas son verdad y la segunda parte termina matizando mucho la carga positiva que puede tener la primera parte del juicio.