Entrevista publicada 22.09.19 en Las últimas noticias.

La lista de gobernantes en ejercicio, calificados como populistas por académicos, la prensa o diversos especialistas, va en aumento. Vladimir Putin (Rusia), Nicolás Maduro (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua), Boris Johnson (Reino Unido), Donald Trump (Estados Unidos), Recep Erdogan (Turquía), Rodrigo Duterte (Filipinas), Narendra Modi (India) y Jair Bolsonaro (Brasil son sólo algunos de ellos.

No importa el lugar del planeta donde ejerzan sus cargos, sí comparten este calificativo que marca la política en nuestros días. La lista de características que avalan la particularidad de los gobiernos populistas es muy variada y no tiene relación con su tendencia política de derecha o de izquierda. Alberto Fujimori en el Perú de los 90 fue un ejemplo populista de derecha y Hugo Chávez, recientemente, de izquierda.

Entre las características que los académicos destacan de esta nueva oleada de gobernantes populistas es que logran surgir polarizando la escena política entre buenos y malos, criticando a la elite gobernante, ofreciendo soluciones fáciles abriendo la billetera del gasto público indiscriminadamente para resolver demandas de sectores, históricamente, postergados.

En Chile, entre las últimas actuaciones que han recibido, desde algunos sectores, el calificativo de populistas está la propuesta de reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, el incremento de medidas contra la delincuencia o lo que José Antonio Kast ha denominado el «populismo medioambientalista», gatillado por el encuentro COP25 en el marco de la convención de las Naciones Unidas sobre cambio climático.

El populismo volvió a escena después de haber sido tema en América Latina en los años 60. En este contexto, el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) lanzó la semana pasada el primer número de su revista «Punto y coma», abordando justamente el tema del populismo con ensayos de Daniel Mansuy, Cristóbal Rovira, Alfredo Jocelyn-Holt entre otros, y con entrevistas a destacados especialistas, como el historiador británico Alan Knight.

En esta entrevista, la historiadora e investigadora del IES, Josefina Araos, explica por qué el populismo vuelve a preocupar.

–Este tema volvió a concentrar la investigación de los centros de estudios chilenos y mundiales. ¿Por qué?

–Porque la clase política está aterrada con el populismo, está muy asustada. Es un fenómeno importante a observar para entender algunas de las dificultades que estamos atravesando.

–¿Estamos experimentando un nuevo boom del populismo?

–Hay que tener cuidado porque este término está siendo muy sobre utilizado en el debate público como una etiqueta peyorativa para descalificar al adversario, más que una categoría que describa bien un fenómeno. Muchas veces se termina asociando al populismo con cosas que no son necesariamente populistas. También ocurre que tienden a agruparse bajo este criterio a figuras que tratan de hacerse cargo de realidades que son muy distintas. Lo que ocurría en Brasil cuando surgió Bolsonaro es muy distinto a lo que ocurría en Estados Unidos con Trump.

–¿Cuáles son los elementos en común?

–Un elemento común es que aparecen criticando a las clases política tradicionales.

–¿Puede haber populismo de derecha o de izquierda?

–Sí y es importante liberarlo de asociaciones con algún sector político específico.

–¿Es peor el populismo de izquierda o de derecha?

–Me resisto a aproximarme al populismo solo como una amenaza o un peligro. Tengo claro que esa es la imagen dominante, pero quedarse en destacar solo el elemento negativo del populismo puede teñir el análisis de por qué estos fenómenos han aparecido.

–¿Y qué sería lo importante al momento de analizar este tipo de líderes?

–Los populismos no son pura negatividad, por más que el líder pueda no gustar o parecer problemático, hay que tomar en cuenta que ellos están respondiendo a problemas efectivos y reales de la gente. Muchos de los actuales líderes surgen de situaciones en que el progreso no llegó a todos por igual o por consecuencias que ha producido la globalización.

«La oleada actual…»

–El populismo en los 60 era un fenómeno de los países subdesarrollados y, específicamente, latinoamericanos, pero ahora llama la atención que aparece en Estados Unidos, el Reino Unido. ¿Países desarrollados populistas?

–Por mucho tiempo se pensó que esto era un fenómeno de democracias todavía no bien constituidas y se asociaba con el subdesarrollo. La oleada actual de líderes populistas en Europa o Estados Unidos tensiona la idea de que sea puro subdesarrollo.

–¿Qué pasó?

–Son expresión de dificultades que han tenido las democracias liberales como la del Reino Unido y otras de Europa respecto de la consolidación del proyecto de la Unión Europea. Se creó un malestar con la burocracia que toma desiciones en Bruselas con impacto para todos los países miembros y, especialmente, para los sectores más pobres de esos países.

–¿Pero la salida del Reino Unido de Europa (Brexit) no garantiza que mejore la situación de los sectores más desfavorecidos?

–Alan Knight dice en la entrevista que publicamos en la revista «Punto y coma» que es muy probable que el Brexit termine perjudicando mucho más a las regiones más deprimidas del Reino Unido que votaron por salirse de Europa.

–¿Por qué la gente votó por salir de Europa entonces? ¿Ignorancia?

–Ese voto no se puede explicar solamente por ignorancia o por expresiones de nacionalismo. En ese voto hay una experiencia real de dificultades y tensiones del ordenamiento post Guerra Fría y caída del muro de Berlín que no se han enfrentado y hoy se expresan en el populismo.

–¿Por qué?

–Por que la clase política no ha sido capaz de considerarse a sí misma como parte de los problemas, es un grupo al que le cuesta revisar sus propias premisas al momento de explicar las dificultades que estamos viviendo.

–¿Es importante que la clase política se asuma como parte del problema?

–Es importante que las clases políticas tradicionales no desarrollen solo armas y antídotos para enfrentar a los populistas, sino que también asuman una autocrítica para explorar por qué nacieron esos populismos.

–¿La crisis social y económica son buen caldo de cultivo de los populismos?

–Los contextos de crisis suelen ser los escenarios que promueven la aparición del populismo, en parte, porque llegan figuras que no son necesariamente nuevas, pero aparecen tratando de hacerse cargo de esas dificultades, en otros términos.

–¿Qué representa la elección de Donald Trump?

–Hay una reivindicación del estadounidense más profundo, que se sentía despreciado por el mundo cosmopolita y progresista de Washington o Nueva York.

–¿Hay que ser carismático para ser un exitoso populista?

–Es muy importante el líder populista que ha logrado movilizar a grandes grupos, especialmente, de sectores excluidos. En general, en América Latina el populismo ha estado muy asociado a figuras emblemáticas. Domingo Perón (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela) y Juan Velasco Alvarado (Perú) tuvieron un liderazgo carismático que apelaba a dimensiones que la clase política dejaba más al margen.

–Pero Bolsonaro no aparece como un líder carismático.

–Bolsonaro, Trump y (Boris) Johnson han aparecido como una respuesta contra la corrección política y lo han hecho parte de su estilo.

«La discusión de la jornada laboral de 40 horas identifica exitosamente un problema real»

–¿En Chile existe un ambiente propicio para el populismo?

–Varios plantean que el descontento ciudadano, el deterioro de la legitimidad de las instituciones y toda la crisis de confianza puede ser terreno fértil para el populismo.

–¿Dónde hay rasgos de populismo en nuestro país?

–El uso excesivo de este adjetivo revela que está instalada la alarma, pero eso no quiere decir que estemos ante la existencia real de populismo en Chile. Hasta ahora vemos que se usa principalmente como un adjetivo descalificador del adversario en todo el espectro político, desde el Frente Amplio hasta la derecha.

–¿Cómo?

–Se trata de populista al gobierno por sus políticas de inmigración, el mismo José Antonio Kast criticaba el otro día el «populismo medio ambiental» a raíz de la discusión de las COP25. El libro que acaban de sacar Andrés Velasco y Daniel Brieba («Liberalismo en tiempos de cólera», Editorial Debate) expresa mucha preocupación por el populismo, lo mismo el libro de Óscar Landerretche («Chacota: la república en la era del populismo», editorial Planeta). Han salido libros de distintas tendencias políticas que manifiestan preocupación por la amenaza populista.

–¿Eso es bueno o malo?

–Es positivo siempre y cuando eso ayude a que la clase política haga una revisión autocrítica respecto a lo que ha estado ocurriendo en el país.

–¿Cree que el populismo está en todos los sectores políticos nacionales?

–No tengo claro que hayan aparecido líderes populistas en Chile. Lo que sí está claro es que en todos los sectores está la preocupación de que surjan populistas.

–¿La discusión en Chile de la reducción de jornada laboral a 40 horas es populismo?

–No me parece necesariamente una discusión populista.

–Pero desde todos los sectores se le ha criticado como populista porque no está bien fundamentada.

–Uno puede ser crítico de la reducción de jornada, pero no me parece que la crítica sea tildarla de populista. No ayuda mucho a la discusión decir que es una maña propuesta porque es populista. Eso es una descalificación, pero no un argumento. Me parece que la discusión de la jornada de 40 horas identifica exitosamente un problema real que por algo ha alcanzado un importante apoyo ciudadano.

–¿José Antonio Kast tiene rasgos populistas?

–Si tomamos como elemento populista el discurso critico ante la elite gobernante, pueblo versus elite, clase política corrupta, los problemas reales de la gente, podemos decir que ese tipo de discurso aparece a ratos en José Antonio Kast y me parece problemático.

–¿Por qué?

–Considero que este tipo de oposiciones moralistas son problemáticas porque se basan en la descalificación de a clase política o de ciertas instituciones relevantes. Lo más problemático en José Antonio Kast es el tema de la Araucanía, la reivindicación de que solo el Poder Ejecutivo fuerte es el que está llamado a resolver las dificultades de la región.