Noticia publicada el 11.09.19 en La Segunda.

Más de cien personas batieron palmas en una casa elegante de Las Condes: a las 20 horas de anoche nació, oficialmente, una revista que lleva a cabo el periodismo con espesor. Se llama Punto y coma y la realiza el IES, el Instituto de Estudios de la Sociedad, un centro que, como citó un asistente, agrupa a conservadores que ostentan altos índices de lectura. Los que estaban allí han leído a Platón y también al liberal del momento. Ya se han devorado los ensayos de la nueva derecha francesa. Allí se hablaba de política compleja, se hacían referencias a la mística, había ceños fruncidos y cerca de cincuenta mocasines lustrados.

–La revista Punto y coma– anunció el editor de la revista, Joaquín Castillo– busca ser un lugar de encuentro y conversación en torno a las ideas.

A la elite intelectual de esta derecha le brillaron los ojos. Al fin, suspiraron, aparece una revista que piensa el mundo, que hace una pausa y luego continúa. Por eso, explicó el editor, se llama Punto y coma: punto porque hay una detención, una inflexión filosófica, y coma porque la detención no debe ser escandalosa, la modernidad también exige resignarse al apuro.

–El tema del primer número fue el populismo – advirtió el editor–. A su lado lo miró un panel de presentadores que mezclaba la doctrina de izquierda y el escepticismo. Allí estaban Lorena Penjean directora de The Clinic; Ascanio Cavallo, escritor y crítico de cine; y Pedro Gandolfo, académico y crítico literario. Todos ellos, por turnos, advirtieron que la revista es meritoria, y a la vez, densa. Una revista de 136 páginas, llena de ensayos, con texto tales como «Los infortunios de una democracia», o una entrevista al pensador y antiliberal polaco Ryszard Legutko.

Ascanio Cavallo, desde el escenario, dijo que el populismo es menos peligroso que las dictaduras. Lorena Penjean agregó que el mayor peligro es la demanda por populismo. Y Gandolfo aconsejó que esta revista, dada su complejidad, se debía leer con suma lentitud, quizás abarcando días enteros, meses tal vez.

–Lo importante es que se debatan las ideas –concluyó el editor. Y la masa aplaudió con un ojo en los vinos.

«No somos progresistas»

Lo cierto, según pudimos verificar, es que todos allí hablaban de ideas. No hubo un solo asistente que haya lanzado una superficialidad. Este reportero, por citar un caso, ingresó abruptamente a un grupo de conversación y captó que se hablaba del último libro de Bérénice Levet. Y todos allí reían.

–Aquí, en el IES, cabe un poco de Churchill y un poco de Patricio Aylwin–, afirmó el director ejecutivo, Claudio Alvarado.

–¿Son conservadores?

–O sea, no somos progresistas.

–Y, agregó, nos basamos en la tradición judeocristiana

–Aquí hay un conservadurismo distinto. Pero Dios sí importa– añadió un pensador que pidió anonimato.

–Le voy a decir algo –disparó allí, en mitad del cóctel, Alfredo Jocelyn-Holt–…un país necesita de una sólida postura conservadora.

–¿Por qué?

–Mire, la izquierda está en crisis desde el año 1989.

–¿Y la derecha está sana?

–Si la derecha es plural va a ser una derecha sana.

En ese momento, por azar, este periodista quedó sentado a ras de suelo y solo veía una pluralidad de calzados. Lo que se veía era una enorme variedad de mocasines negros. Y decenas de zapatos color café con cordones, algo más modernos. Le comunico esta visión a Ascanio Cavallo y el rostro del crítico cambió. Había detectado allí un simbolismo.

–No veo zapatillas –señaló Ascanio alarmado.

–Hay un tipo con Adidas en la entrada.

Y Ascanio, de alguna forma, y apelando a que uno es lo que calza, entendió que esa es la metáfora: el IES es una variedad de mocasines, de zapatos con cordones, y un par de zapatillas. Esta conclusión se le transmitió a Raúl Bertelsen, ex presidente del Tribunal Constitucional, quien únicamente señaló:

–¿Me va a creer que no me he fijado en ningún zapato?

–¿En qué se ha fijado?

–Lo único que le puedo decir es que esta revista es una buena noticia. Y que veo aquí una derecha con más fondo intelectual.

Al rato, todos los que calzaban mocasines y modernos zapatos con cordones, se estrecharon las manos y festejaron que Chile tiene una nueva revista. Se llama Punto y coma. Y el próximo número ilustrado saldrá en abril.