Entrevista publicada el 28.07.19 en el Diario El Centro de Talca pág 10 y 11.

El pensamiento de Friedrich Hayek (1899 – 1992) constituye uno de los esfuerzos más sistemáticos por proveer de fundamentos filosóficos a un orden liberal articulado en torno al mercado. F. A. Hayek. Dos ensayos sobre economía y moral (IES, 2018), de Daniel Mansuy y Matías Petersen busca contribuir a una reflexión sobre su obra. Siendo una figura controvertida, este filósofo estuvo en Chile en 1977 y 1981. Temas conversó con Santiago Ortúzar, sociólogo e investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad para acercarnos a su pensamiento.

¿Cómo surge F.A. Hayek. Dos ensayos sobre economía y moral?

El objetivo es doble. Por un lado, el IES aspira a dialogar constantemente con distintos exponentes de lo que, en sentido amplio, podemos llamar liberalismo –como Tocqueville o Manent, además del mismo Hayek–, con miras a examinar su justificación y alcances, así como su especificidad para comprender la vida social. Hayek es un pensador excepcional en este sentido, pues a lo largo de toda su obra hay una preocupación por los límites del conocimiento humano, y por el papel que ellos juegan en el desarrollo de nuestras prácticas e instituciones. Por otro lado, el libro responde al diagnóstico de que en Chile predomina una lectura un tanto sesgada y dogmática del pensamiento de Hayek, que impide abordarlo críticamente y someter a prueba sus hipótesis más interesantes. Muchos reivindican a Hayek pensando que su respuesta a todos los problemas es invocar siempre la autonomía, y eso no tiene ningún sentido. Muchos liberales chilenos lo tratan como un ídolo, como si después de leerlo no quedaran más preguntas por hacerse. Los dos ensayos de este libro cuestionan esa mirada: Daniel Mansuy muestra cómo Hayek adopta inconscientemente algunas premisas del socialismo que critica, mientras que Matías Petersen se pregunta si, a la luz de la investigación empírica, el mercado demuestra tener todas las bondades que se le atribuyen.

¿Responde a un resurgimiento mundial por el pensamiento de Hayek?

Efectivamente. Aunque durante gran parte de su carrera Hayek tuvo un lugar más bien secundario en la vida pública, su obra se volvió muy conocida alrededor de los 70 y los 80. Después de su muerte en 1992, se ha publicado un volumen notable de libros y artículos dedicados a su pensamiento y en muchos debates de filosofía política contemporánea es una referencia obligada. Un caso interesante son los círculos intelectuales de la socialdemocracia inglesa post 90, que hicieron un esfuerzo explícito por vincular el pensamiento de Hayek, típicamente asociado con posiciones libertarias, o al menos derechistas, con distintas formas de socialismo. Que la recepción de Hayek en grupos de centro izquierda sea así de significativa nos confirma la importancia de prestarle atención.

¿Cuáles cree que son las fortalezas de su pensamiento para enfrentar las dificultades del mundo actual?

La visión de Hayek sobre nuestro conocimiento limitado de la vida social, nuestra profunda ignorancia, cae de cajón para muchos debates actuales. La idea de Hayek es que al diseñar instituciones sin partir de la experiencia concreta, sin un crecimiento orgánico y suficientemente libre que permita procesos de ensayo y error y aprender gradualmente de nuestros errores, estamos destinados al fracaso. Dado que la sociedad es tan compleja, muchas veces nuestras acciones producen efectos distintos de los esperados. Por eso le interesan tanto las instituciones que se desarrollan, en sus palabras, “espontáneamente”, sin ser diseñadas por nadie. El lenguaje, por ejemplo, no es el “invento” de una persona: es una herramienta, si se quiere, que aprendimos a usar de a poco y lentamente. Si pensamos en otro tipo de instituciones, como el Transantiago, tenemos un ejemplo típico de cómo las instituciones se diseñan “desde arriba”, sin tomar en cuenta el conocimiento situado de las personas, con un modelo que funcionó bien en Bogotá, pero produjo efectos desastrosos en Santiago. Muchos debates actuales presentan sesgos similares.

Una famosa obra de Hayek, Camino de servidumbre, causó impacto mundial. ¿Qué lo posibilitó?

Camino de servidumbre es simultáneamente uno de sus libros más influyentes y a la vez de los menos eruditos, y creo que eso explica en parte su circulación. Hay que tomar en cuenta que las reflexiones más sofisticadas de Hayek no están contenidas aquí y que el tono del libro es explícitamente combativo. Aunque en muchas ocasiones es tildado como un libro de “trinchera”, a mi juicio se trata de un gran ensayo político, un género que parece estar un poco abandonado. Es un registro que interpela al lector de una manera muy específica, sin sacrificar la complejidad a cambio de la inmediatez ni perder de vista lo importante que es la persuasión. Creo que la influencia de pensadores chilenos como Carlos Peña, Fernando Atria, Carlos Ruiz y Daniel Mansuy tiene mucho que ver con invitar a las personas a ser parte de una conversación, sin presumir que sólo los especialistas y los expertos tienen algo que decir.

Un segundo factor tiene que ver con el contexto: Hayek representa un esfuerzo intelectual muy ambicioso para enfrentar el desafío que supone el socialismo soviético, que en ese momento era una alternativa considerada “viable”. Creo que esa ambición es de todas maneras condición de su éxito.

A juicio de Hayek, ¿cuáles son los principales peligros a que se expone una sociedad abierta?

Hayek advierte amenazas de distinto tipo. Algunas son, por así decirlo, “externas”. Por ejemplo, está convencido de que un líder totalitario puede usar las herramientas democráticas para impulsar agendas como el nazismo o el comunismo. Eso lo lleva a sospechar bastante de la democracia, y a buscar distinguirla muy bien del tipo de libertades que aseguran los regímenes liberales, como los derechos de propiedad. También es consciente de que las instituciones liberales necesitan convivir con dosis altas de desigualdad –es cosa de ver Estados Unidos hoy– y eso en muchos casos es el caldo de cultivo para que los políticos propongan medidas redistributivas. Hayek cree que si tratamos de “corregir” el mercado estamos dañando profundamente sus mecanismos.

¿Y cuáles son las otras amenazas?

Lo que podemos llamar peligros “internos”. Hayek cree que la sociedad liberal está expuesta a una especie de crisis de sentido, a la sensación de que debemos vivir la mayor parte de nuestra vida en una existencia solitaria, sin ser parte de una comunidad, salvo por grupos muy específicos como los amigos y la familia. Y esto tiene para Hayek una explicación evolutiva, porque representaría ciertas intuiciones morales de nuestros antepasados “formateadas”, por así decir, en nosotros. Como nuestros antepasados vivían en tribus donde la vida en grupo requería mucha solidaridad, sacrificio y cooperación, nosotros heredamos esa suerte de instinto, como si lo tuviéramos grabado en el ADN. En cambio, como las “sociedades abiertas” con economías de mercado son individualistas, muchas veces son sentimos solos y desamparados, o creemos que la desigualdad es injusta, y Hayek cree que eso puede llevar al desarrollo de nuevos colectivismos. Mario Vargas Llosa, por dar un ejemplo, ocupa mucho este tipo de imágenes. Ahora, no hay que perder de vista que este es uno de los puntos más discutibles de Hayek: siempre trata todos los problemas del presente como si su origen fuera primitivo, como si la sociedad contemporánea no pudiera tener sus propios conflictos.

Hayek en 1977 y 1981 estuvo en Chile. ¿Qué alcances tuvo esa visita?

Se discute qué tanto influyó. Se cuenta, por ejemplo, que Carlos Cáceres leyó Derecho, legislación y libertad con interés y al parecer fue uno de quienes impulsó una de las visitas. Hay quienes creen que en sus visitas Hayek se limitó a exponer sus ideas sin buscar influir en el régimen de Pinochet, y quienes le asignan mayor protagonismo. Más allá de cuál sea la interpretación que prime, no se puede desestimar el recelo de Hayek hacia las instituciones democráticas y su convicción de que las sociedades liberales pueden prescindir de ellas. Sus posiciones son, desde luego, altamente discutibles, pero permiten dar cuenta de lo radicales que fueron varios momentos del siglo XX.