Columna publicada el 18.06.19 en La Segunda.

¿Cómo explicar el indescifrable ajuste ministerial? ¿Acaso eran difíciles de prever las críticas que le siguieron? ¿De verdad en La Moneda piensan que sus dificultades se reducen a los ministerios sectoriales? ¿No era el momento de dar un golpe de timón e indicar algún norte -el que sea- para lo que resta de gobierno? ¿No bastaba revisar las sacrosantas encuestas para comprender la necesidad de ese golpe? ¿No era precisamente eso lo que esperaban las alicaídas huestes oficialistas? ¿Es el presidente el que no escucha o es que nadie de su círculo se atreve a hablarle con sinceridad? ¿Quién podría creer que los problemas del piñerismo se solucionan con aún más piñerismo? 

¿Acaso no es ese diseño el que tiene empantanado al Ejecutivo? ¿Por qué en su primer mandato sí efectúo un cambio de gabinete digno de ese nombre y ahora no? ¿No que se había aprendido de los errores de gestión y conducción política de aquel entonces? ¿Y no que el actual era un gobierno distinto, de coalición? ¿Cómo no anticipar las consecuencias que tendría en Chile Vamos un ajuste como el realizado? ¿No convenía involucrar aunque fuera someramente a los partidos oficialistas? ¿Con qué autoridad luego se les pide unidad y compromiso? ¿Y qué señal política se quiso dar al entregar Desarrollo Social y Familia a quien -más allá de sus méritos- fuera el brazo derecho de Andrés Velasco? ¿Qué curiosa obsesión conduce a insistir en el difuso «centro liberal”? ¿Es plausible pensar que ahí existe algo así como un nicho electoral después del triste derrotero de Amplitud y Ciudadanos? 

¿Acaso el propósito fue intentar contener el avance del nuevo Partido Republicano? ¿No ven que todo esto avala sus críticas y aleona a sus bases? ¿En qué minuto se olvidó que entre la frustrante primera vuelta y el histórico balotaje, guste o no, fueron Ossandón y JAK los que se sumaron? ¿Por qué La Moneda asumió que es buen negocio distanciar aún más a quienes miran con recelo el progresismo? ¿No saben quiénes protagonizan (y quiénes no) el momento político global? ¿Cuándo se perdió de vista que el primer desafío era incluir y entusiasmar a quienes propiciaron la vuelta a Palacio?

¿Y cuándo se olvidó que el gabinete es una oportunidad privilegiada para potenciar nuevos liderazgos? ¿Qué dirigentes de peso, qué candidatos a parlamentarios saldrán del equipo ministerial? ¿Qué presidenciable? ¿O acaso basta cortar un par de cintas e inaugurar un par de puentes para crear uno ex nihilo? ¿Y qué herencia, en fin, pretende dejar Sebastián Piñera? ¿Recordará que le queda apenas un año antes de los nuevos ciclos electorales? ¿Notará que se juega no sólo el futuro del oficialismo, sino también el legado de sus cuatro décadas de vida política? ¿Reaccionará?