Entrevista publicada el 19.05.19 en El diario El Centro de Talca.

La teoría de género levanta polémica en Chile y el mundo. «La naturaleza es nuestro suelo, nos lleva. Es decir, no podemos prescindir de ella, hay algo en ella que, de alguna manera, nos condiciona, precisa Mariana Canales, investigadora del IES, citando a Maurice Merleu-Ponty.

Temas, del diario El Centro de Talca, conversó con Mariana Canales (Santiago, 1994), abogada e investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad, para profundizar en el libro IES Teoría de Género o el mundo soñado de los ángeles, de la filósofa francesa Bérenice Levet.

Hace algunas décadas no se hablaba tan profusamente de la teoría
del género. ¿Qué gatilla esta irrupción?

En primer lugar, las teorías de género son herederas del feminismo, en el sentido de que este movimiento cuestionó el hecho de que toda distinción en la vida social (trabajos que se desempeñan, manera de vestirse, deportes, etc.) sea una consecuencia necesaria de la diferencia sexual. ¿Por qué ser mujer significaba estar relegada exclusivamente a lo doméstico? Las teoría de género surgen, en alguna medida, de ese cuestionamiento, porque objetan que la manera de ser hombre o mujer sea unívoca.

Si bien hay distintas vertientes de la teoría de género, ha adquirido cada vez más importancia aquella que niega toda distinción posible entre lo masculino y lo femenino. Bérénice Levet, en su libro “Teoría de Género o el mundo soñado de los ángeles” señala que esta visión se ha difundido en los últimos años porque ha sido promovida y apoyada a nivel institucional. La educación, por ejemplo, ha sido clave en esto. Desde ciertos estudios de género que se desarrollan en las universidades hasta manuales de educación sexual entregados en los colegios, todo ello colabora a que esta teoría irrumpa en la cultura y la sociedad. La cultura, la política y los medios de comunicación juegan también un rol importante en esta tarea.

Mundialmente es un teoría controvertida. El propio Papa Benedicto
XVI la crítica con dureza.

Es una teoría controvertida porque, en su versión más polémica, tiende a negar las diferencias anatómicas, biológicas y fisiológicas de los sexos. De alguna manera niega el cuerpo mismo. Para esta vertiente de la teoría de género el cuerpo es sólo un dato y las diferencias entre hombres y mujeres han sido construidas por la sociedad. Así, es la persona quien llena de significado su anatomía, definiéndola como quiere. Benedicto XVI y otros autores de distinta orientación critican justamente eso: las personas somos cuerpo y espíritu, ambos inseparables e igualmente dignos.

¿Y qué sucede en Chile?

Creo que en Chile la teoría de género es una teoría difundida y que de a poco ha ido agarrando fuerza. Muestra de ello es la difusión y convocatoria de la visita de la académica Judith Butler a nuestro país, con motivo de la inauguración del año académico de la Universidad de Chile,  o ciertos cursos de género en la mayoría de las facultades de filosofía o psicología en las universidades. Me parece ingenuo creer que en Chile teorías de este tipo no tienen cabida alguna, pese a que por el momento esté más difundida en círculos de elite.

¿Cuál es la filiación de la teoría del género con Simone de Beauvoir?

Se dice que la famosa frase “no se nace mujer, se deviene” de Simone de Beauvoir constituiría el origen de la teoría de género, porque se ha interpretado que lo que quiso decir es que la mujer es una construcción y, entonces, la naturaleza no jugaría ningún papel en ser mujer. Sin embargo, son muchas las posibles interpretaciones de esta frase. Otros dicen que lo que en realidad quiso hacer la francesa es establecer una diferencia entre “la mujer” y “lo femenino”, esto último, la expresión cultural de ser mujer, sería lo construido. 

En todo caso, para Levet, Simone de Beavoir y su libro “El segundo sexo” son el sustrato filosófico de la teoría de género. Según ella, “Beavoir ha sustraído a las mujeres del imperio de la naturaleza”, es decir, la naturaleza no determinaría a la mujer. Pero no fue ella quien llevó esta premisa a sus últimas consecuencias sino ciertas  feministas estadounidenses, como Judith Butler.

¿Que libros, no tan especializados, resultan fundamentales para
una mejor comprensión de la teoría del género?

Creo que “Teoría de género o el mundo soñado de los ángeles” es un muy buen libro para introducirse en estos temas. Ahora bien, hay que ser conscientes de que la teoría de género es sólo una manifestación de algo más profundo, que es la relación que existe entre la naturaleza y la cultura. Para ahondar en esto creo que los textos del profesor chileno Jorge Peña y los del filósofo alemán Robert Spaemann pueden ser un muy buen punto de partida. 

¿Cuáles considera que son los mayores problemas de la teoría de género?

Creo que uno de los mayores problemas de la teoría de género en la vertiente que venimos hablando es que, de alguna manera, se desconoce el cuerpo, con toda su importancia y dignidad. ¿Qué hay más propio que el cuerpo? De hecho, algo que Levet destaca es que al desconocer y negar la condición sexuada del ser humano se corre el riesgo de perjudicar la dimensión erótica del ser humano. El cuerpo pasa así a ser otro objeto más, que no reviste de ninguna importancia en sí.

Por otro lado, al negar lo dado (la naturaleza, el cuerpo) no hay sentimiento de gratitud posible. Si los autores de todo somos, en último término, nosotros mismos y nada se nos ha dado gratuitamente, ni siquiera el cuerpo, entonces no necesitamos dar las gracias por aquello que no depende de nosotros.  

Finalmente, me parece que creer que todo es una construcción social y que el sexo – el cuerpo – es sólo un dato que nada define, deteriora, de alguna manera, las relaciones sociales. Por de pronto, niega la complementariedad entre hombres y mujeres, tan importante en la sociedad. Y con ello, por cierto,  se pone en jaque nuestro concepto de familia. Si la transmisión de la vida y la cultura no pasa por la unión de los masculino y lo femenino, ¿qué sería lo que la definiría? Es una pregunta que parece muy difícil de responder desde las teorías que Levet critica en este libro.

¿Reconoce algún aporte de la teoría de género?

Sí, las teorías de género han ayudado a que nos cuestionemos el rol de la naturaleza. ¿Qué significa ser mujer? ¿Qué significa ser hombre? ¿El cuerpo define todo o hay algo en la cultura que nos hace comportarnos de una u otra manera? Creo que éstas son preguntas importantes y que una teoría que cuestiona tan fuertemente al cuerpo y a lo dado naturalmente obliga a responder.

¿Comparte con Berenice Levet que la teoría del género sacrifica
el principio de la realidad?

Sí, porque algunas versiones de la teoría de género niega algo tan real como las diferencias biológicas. Esto no significa que de ellas podamos concluir que hay trabajos sólo de hombres y sólo de mujeres, o que hay una relación de subordinación entre uno u otro, porque es lógico que hay diferentes expresiones culturales sobre lo masculino y lo femenino. El punto es que de todos modos estas diferencias existen. Y, como dice Maurice Merleau-Ponty, a quien Levet cita, la naturaleza es nuestro suelo, nos lleva. Es decir, no podemos prescindir de ella, hay algo en ella que de alguna manera nos condiciona.