Entrevista publicada el 16.12.18 en Las últimas noticias.

Está haciendo un doctorado en la University of Oxford, en Inglaterra, pero se da el tiempo para estar cerca de los hechos que tienen convulsionada a la política nacional: el tema migratorio y la crisis de Carabineros y de las Fuerzas Armadas.

Pablo Ortúzar interrumpió su doctorado en la University of Oxford para venir a Chile a presentar la traducción que hizo del clásico «El federalista» (1818), que agrupa una serie de textos escritos en la prensa por Alexandre Hamilton, Jame Madison y y John Lay, con el objetivo de defender la constitución federal de los Estados Unidos. La presentación de esta nueva traducción de «El federalista» estará a cargo del Secretario General de la Presidencia, Gonzalo Blumel; la ex ministra diputada y alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá; y Pablo Ortúzar, quien estima que este libro es un aporte en momentos en que nuestras instituciones flaquean y el debate institucional es «muy pobre».

Vestidos con bermudas y una camisa liviana, Ortúzar celebra el clima chileno viniendo del invierno británico. Su residencia en el Reino Unido no le impide manejar en detalle la actualidad nacional, al punto que, incluso, propone maneras de enfrentar temas contingentes. Desde su puesto de investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad, su objetivo es lograr políticas públicas que enfrenten efectivamente los problemas de una sociedad en constante cambio.

Llega a Chile en un momento muy noticioso, con importantes instituciones cuestionadas. Carabineros enfrenta una investigación tras el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca, las Fuerzas Armadas sufren críticas por gastos excesivos y son investigadas por la venta de armas a narcos, y la oposición critica la sorpresiva decisión de Cancillería de no suscribir al Pacto Migratorio. ¿Cómo explicaría esta cadena de eventos?

-Hace rato que las instituciones vienen arrastrando un déficit de legitimidad. Estas situaciones deberían promover un debate institucional en Carabineros, las Fuerzas Armadas y la labor legislativa.

De todas estas situaciones, ¿cuál considera más preocupante?

-El tema de las Fuerzas Armadas es muy grave, dada la situación geopolítica de Chile. Estas instituciones han jugado un rol de columna vertebral del Estado, y por eso es tan grande su debilitamiento.

¿Cómo califica lo sucedido con el comunero Camilo Catrillanca y todas las irregularidades que sucedieron en la investigación?

-El caso Catrillanca es gravísimo, pero está geográficamente más acotado. Eso no quita que sea evidente que la situación en la Araucanía es grave y muy desastrosa, con décadas de políticas mal hechas, en donde la clase política pretendió delegar principalmente en Carabineros el manejo del problema. Era evidente que en algún momento esto iba a hacer crisis.

El problema mapuche

El asesinato de Camilo Catrillanca puso el problema mapuche y de La Araucanía sobre la mes. ¿Qué viene ahora?

-Bachelet decía que el problema mapuche tenía 500 años, pero si uno es riguroso y analiza el conflicto actual puede darse cuenta de que es mucho más reciente, que se restringe a tres o a cuatro generaciones. Este conflicto ocurre después de la pacificación de La Araucanía, el traslado de los indígenas a los peores tierras disponibles y la entrega de tierras a los colonos, que luego las venden a los forestales.

¿Estas generalizaciones demuestran desconocimiento de la clase política frente al tema?

-El tema mapuche es un problema histórico, lleno de aristas y complicaciones. Lo que ha hecho el Estado chileno es mandar a Carabineros para que mantenga el orden. Eso es una irresponsabilidad enorme, porque su principal herramienta es la represión, no la diplomacia. Están arreglando un problema político, como el mapuche, a patadas y eso explica la escalada en la violencia.

¿Han optado por una política de contención encargada a los Carabineros?

-Lo que han hecho los políticos, en los últimos 10 o 20 años, es mandar a Carabineros con el encargo de que contengan el conflicto para que no molesten. Es esta estrategia la que termina produciendo que Carabineros se mande un horror o error.

¿Cuál es el horror?

-La muerte de Catrillanca es un horror, pero también hay muchos errores. Cuando ocurren estos casos el poder político no se hace responsable del efecto de sus decisiones. Es notable cómo los políticos se vuelven comentaristas de conflicto mapuche, cuando ellos son actores importantes. Es momento de que los políticos se hagan responsables de lo que están haciendo y eso implica que comiencen por disminuir la represión en La Araucanía.

¿Qué sigue?

-Hasta ahora se han utilizado dos herramientas, la económica, a través de la entrega de tierras, y la coercitiva, a través de Carabineros. Nunca se ha intentado construir un diálogo político. Es importante que entendamos a quiénes tenemos al frente.

¿A quién tenemos al frente?

-A una cultura distinta a la chilena occidental moderna. Una de sus características más importantes es que no conciben la representación política como nosotros. Para ellos es inconcebible que alguien tome decisiones en nombre de otra persona.

Eso dificulta el diálogo.

Hace que su eje político sea muy distinto a nuestra manera de hacer política porque no creen en la representación.

¿Cómo se puede enfrentar eso?

Los españoles y la República de Chile en el siglo XIX lograron lidiar con esto a través de los parlamentos o conversaciones con distintos loncos o comunidades en que se llegaban a acuerdos puntuales que iban renovándose cada cierto tiempo. Volver a esta manera de conversar sería la mejor manera para para buscar una salida pacífica.

¿Esto no estuvo en el Plan Araucanía que encabezó el ministro Alfredo Moreno?

Creo que partió del supuesto de que el diálogo político con los mapuches tenía los mismos ejes que la negociación con un sindicato. Esto es muy distinto. Ese diálogo tiene que ser dentro de sus formas políticas. No podemos imponer una forma de diálogo que ellos no entienden.

Las migraciones

¿Es grave que Chile no haya suscrito el pacto de migración?

-Me parece prácticamente irrelevante que Chile se restara del Pacto Migratorio de la ONU. Chile está tratando de afianzar una política migratoria y es un tema sensible en la opinión pública, pero no en el sentido que le gustaría a la oposición.

¿Por qué?

-Porque al revisar las encuestas el apoyo popular está más inclinado a restringir fuertemente la migración. Puede haber sido un despelote la manera en que se tomó la decisión de no suscribir al pacto, pero no me parece que tenga consecuencias graves a nivel internacional o interno.

¿La decisión es un gesto a la derecha?

-Da la impresión de que esto es un gesto a los votantes de José Antonio Kast, en momentos en que ese mundo criticó la salida del Gope de la Araucanía.

¿El tema de los inmigrantes será clave en la agenda del gobierno?

-La derecha encontró un tema con el que puede enredar mucho a la izquierda. La noticia de la no suscripción al pacto cambió el foco del caso Catrillanca e hizo a la izquierda sobrerreaccionar y concentrarse en el tema migratorio, que es bastante popular. La oposición no gana nada con este tema.

¿Fue una decisión destinada a lograr popularidad?

-Creo que sí, todos sabemos que Piñera gobierna con las encuestas en la mano y esto puede servir para equilibrar las relaciones entre las distintas facciones de la derecha. Esto puede ser una zanahoria para el mundo de Kast. Creo que el tema de los migrantes va a ser explotado políticamente por la extrema derecha. Es lo que está haciendo Kast y le ha resultado bastante.

¿Es bueno gobernar con las encuestas?

-Creo que no, la opinión pública va cambiando permanentemente y es muy veleidosa. Gobernar por las encuestas puede llevar a contradicciones, puede llevar a un gobierno a cualquier lado. Lo idea es tener políticas públicas con un horizonte claro y bien ancladas en las necesidades sociales.

¿Piñera versión 2018 es diferente al Piñera de su primer gobierno?

-A Piñera hay que medirlo por la cantidad de entrevistas que da semanalmente. Al principio logró mantenerse atrás, no salía a recibir todas las balas, pero eso ha ido cambiando con un aumento de sus apariciones. Está volviendo a la primera fila y a recibir todas las balas. Eso no es bueno.

De hecho, fue el que dio la conferencia sobre el tema ONU.

-Exactamente, en un tema que en realidad a nadie le importa mucho. No era necesario que saliera el Presidente, pareció más como una manera de mediar entre Cancillería y Rodrigo Ubilla.

¿El tema migratorio da réditos al gobierno?

-Por supuesto. Hay una tensión evidente, las encuestas muestras un alto nivel de rechazo a la migración y que es particularmente acentuado en los sectores populares.

¿Por qué?

-Para entender estas realidades hay que ir a verla, a entender cómo se configuran, qué miedos producen y qué procesos están en marcha.

¿Conoce casos de rechazo a inmigrantes?

-Me tocó ver en una población rural cómo los huasos reaccionaban con susto, temor y rechazo frente a un grupo de haitianos que llegaba a su localidad. Los haitianos no hablan el mismo idioma, no compartían sus costumbres, eran de otro color. Eso genera desconfianza, va incubando miedo y para estos casos se necesitan políticas públicas que logren mediar.

¿La clase política no ha hecho la tarea?

-La elite piensa que son casos individuales. Eso lleva a un desastre. Por largo tiempo existió total ausencia de estructuras destinadas a facilitar la transición en la entrada de estos grupos a diversas comunidades para evitar conflictos o miedos.