Noticia publicada el 21.05.18 en El Mercurio.

«Hay que trabajar con la familia; no hay otra manera de abordar las dificultades, porque cada vez que un niño tiene un problema es porque hay una dificultad en su familia o el núcleo donde vive».

Con estas palabras, el ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, destacó el pasado 15 de mayo -Día Internacional de la Familia- la importancia del núcleo familiar en la sociedad. Y la catalogó como la base de lo que quiere hacer el Gobierno para enfrentar los problemas que afectan a la infancia en el país.

De hecho, la cartera que encabeza Moreno pasará a llamarse Ministerio de la Familia y Desarrollo Social, en tanto que el Presidente Sebastián Piñera llamó a formar un Acuerdo Nacional por la Infancia, cuyas conclusiones se esperan para final de mes.

En ese contexto, el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) elaboró el informe «Una política para la familia», en el que la investigadora Catalina Siles analiza por qué es necesario promover iniciativas concretas que resguarden esta institución.

En él se precisa que la familia hoy vive una dicotomía: pese a seguir siendo valorada como la principal fuente de felicidad y satisfacción a nivel personal, en la esfera pública ha perdido su espacio y reconocimiento como unidad central de la vida social.

«En IES creemos que la familia ha pasado a un plano meramente privado; si bien tiene esa dimensión, también cumple un rol público relevante que debe ser reconocido y fomentado», explica.

Según la investigadora, «muchos de los desafíos que enfrentamos como sociedad tienen una relación importante y directa con la familia». Y cita como ejemplos conductas de riesgo como la drogadicción y el alcoholismo -un tercio de los escolares chilenos reconoció haber probado marihuana al menos una vez en el período de un año, según datos del Senda-, o la crisis del Sename. «Esos niños pertenecen a una familia que está pasando por dificultades. Hay que ayudarlas para que puedan resolver sus problemas en la medida de lo posible y evitar que los niños sean institucionalizados».

El camino pasa, en parte, por la construcción de un marco que garantice los derechos y deberes de la comunidad familiar como sujeto y objeto político fundamental, sugiere el documento.

«Se deben generar políticas públicas que permitan generar las condiciones adecuadas para que los sujetos puedan cumplir sus roles en la familia», dice Siles. Lo que implica mejorar condiciones de transporte, flexibilidad laboral o ampliar salas cuna a hombres y mujeres, entre otras iniciativas.

Frente al surgimiento de nuevas formas de hacer familia, como monoparentales -casi el 34% de los hogares en Chile está conformado solo por una madre o un padre- u homoparentales, Siles reconoce la necesidad de una discusión sobre «cómo entendemos la familia». «Hay tipos de convivencia que son válidas, pero hay que ver si cumplen con las características de la familia. Me parece relevante que el niño cuente con una figura paterna y materna en la medida de lo posible. Aumentar esfuerzos en esa línea», opina.

Consultada sobre el documento, la psicóloga Albana Paganini, directora de la Clínica Psicológica de la U. Diego Portales, tiene una mirada diferente. «No es un problema que la autora emita su opinión e incluso fundamente lo que a su entender y el de muchos otros sería una familia ideal y saludable. El problema surge cuando se instala políticamente este modelo para decirnos que los males actuales de nuestra sociedad se deben a que no hay suficientes familias estables y unidas por el vínculo matrimonial».