Entrevista publicada el 07.05.18 en El Mercurio.

Según el filósofo, urge debatir sobre el tema desde una óptica política. «El discurso de los derechos, para este tema, es insuficiente», afirma. 

«Es normal». Eso es lo primero que dice Daniel Mansuy, profesor de la Universidad de los Andes e investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad, sobre el efecto que ha tenido la inmigración en Chile y en particular, las tensiones que puede generar. «Ocurre en todos los países cuando la migración se hace más visible y masiva», plantea el filósofo y doctor en Ciencia Política de la U. de Rennes (Francia).

-¿Dónde ocurren los mayores roces o tensiones?

-En los sectores más vulnerables, y es natural que así sea, porque la migración produce un sentimiento de competencia. Por los empleos, salarios, servicios básicos y viviendas, donde el migrante puede ser visto, si no tratamos bien el tema, como alguien que está compitiendo por mi lugar en el mundo… Ahora, las tensiones pueden ser bien o mal manejadas, ese es el desafío que tenemos.

-¿Podría dar pie, a futuro, a nuevos movimientos?

-El riesgo de no tratar esto es que se puedan producir escisiones profundas al interior de la sociedad (…). Eso además puede tener relevancia política, porque Chile es uno de los países que da más facilidades para acceder al derecho a voto, lo que me parece bien. Tratar este desafío mal, o no tratarlo, también puede alimentar un sector que sea muy crítico de la inmigración y que, por tanto, termine culpabilizándola de todos nuestros males, como ocurre en otros países. Eso puede cuajar políticamente.

Factor político

Para Mansuy, es clara la óptica desde la cual es necesario abordar el tema migratorio: «Hay que sacar la discusión tanto del plano puramente moral como del plano del puro proteccionismo (…). Este es un problema político de primer orden, y por lo tanto debe ser tratado en categorías políticas».

«El discurso de los derechos, para este tema, es insuficiente. No es que sea falso ni equivocado, pero es claramente insuficiente», sostiene.

-¿En qué sentido?

-Por un lado, se dice que los migrantes tienen el derecho humano a migrar; pero también existe el derecho de los países a establecer reglas para el ingreso. El discurso de los derechos no nos lleva muy lejos, porque solo opone dos que chocan y quedamos un poco donde mismo. Necesitamos algo más, criterios propiamente políticos (…). La pregunta es más bien cómo hacemos para recibir a los migrantes e integrarlos. El angelismo, en esto, no nos sirve de mucho. Los países no tienen capacidad de acoger a todo el mundo; tienen una capacidad limitada para acoger en condiciones dignas.

Distintas visiones

Según Mansuy, desde dónde se mira la inmigración también es clave. «La manera en que las clases populares viven este tipo de inmigración es distinta de cómo la vivimos las élites. La tendencia peligrosa para las élites es simplemente ignorar, o moralizar, ese punto de vista que tiene su legitimidad», explica.

-En redes sociales hay posturas bastante extremas.

-Es muy fácil estigmatizar al chileno de clase popular y decir que es racista. Es más complicado el problema. Hay que tomar en serio ese punto de vista. No porque tenga siempre razón, sino porque ahí hay una tensión social que a la élite le gusta mucho no mirar, pero es una tensión real. Se requiere una reflexión política sobre las condiciones, los cambios que producen los fenómenos y los flujos migratorios, para evitar el nacionalismo proteccionista extremo y el angelismo de pensar que esto es solo una oportunidad y que no produce problemas. Es una cornisa difícil, pero es en la que yo creo que hay que caminar.

»Es muy fácil estigmatizar al chileno de clase popular y decir que es racista (…). Hay que tomar en serio ese punto de vista. No porque tenga siempre razón, sino porque ahí hay una tensión social».