Columna publicada en La Segunda, 07.11.2017

El 19 de noviembre también votaremos por parlamentarios y cores. Hay varios motivos para recordar esas «otras elecciones», pero uno debe ser subrayado: el cambio en la tendencia de la renovación política. Si luego de 2011 ella parecía patrimonio exclusivo de la nueva izquierda, hoy no es así. La otrora extendida —aunque siempre injustificada— convicción de que juventud y bondad eran sinónimos va a la baja. En parte por las lógicas de «vieja política» de Jackson y compañía (basta recordar el mayolgate), y en parte porque hasta ahora sus ideas no han sido demasiado novedosas (su estatismo no es el sesentero, sino uno más individualista, pero igual confunden lo público con
lo estatal).

Pero eso no es todo. Además, en esta elección asoman liderazgos promisorios que, más allá de sus diferentes énfasis y trayectorias, se alejan de la retórica refundacional, valoran la economía social  de mercado y no dudan en apartarse de la ortodoxia tuitera cuando hablan de aborto o matrimonio.

En el mundo de centroizquierda, quizás el ejemplo más destacado sea el de Cristóbal Acevedo, candidato a diputado DC por el distrito 11 (Las Condes, La Reina y otras). Acevedo ha recibido el apoyo explícito de Soledad Alvear, Mariana Aylwin y Jorge Burgos, y, tal como ellos, representa esa sensibilidad tan orgullosa de la vieja Concertación como recelosa de la Nueva Mayoría (¿podrá esa sensibilidad ir más allá de sus biografías al momento de decidir sus alianzas futuras?).

Al otro lado del espectro, aparecen Julio Isamit, Guillermo Ramírez y Diego Schalper. Isamit compite por el distrito 10 (Santiago, Providencia y otras), Ramírez, por el distrito 11, y Schalper, por el distrito 15 (Rancagua y localidades cercanas). Mientras Isamit y Ramírez apuntan a una renovada síntesis de liberalismo económico y defensa de valores tradicionales, Schalper pertenece a una generación que ha reivindicado la solidaridad como principio político.

Naturalmente, el principal desafío de estos y otros candidatos que buscan oxigenar la política es estar a la altura de sus promesas: ya sabemos que no basta con la juventud. Se trata, antes que todo, de encarnar nuevas ideas y prácticas políticas, que hagan sentido al  Chile de hoy. Pero el  perfil  de los mencionados permite ser razonablemente optimistas. En distintos grados, los cuatro comparten competencia profesional, participación activa en política universitaria u organizaciones de la sociedad civil, y preocupación por la formación de jóvenes.

Tal vez lo último sea lo más relevante. Ya sea que la referencia central sea Maritain, Novak o Erhard, el solo hecho de actuar movido por ideas e ideales puede significar un aporte relevante para nuestro alicaído Congreso. Y, sobre todo, consolidar el cambio de tendencia referido.

Ver columna en La Segunda