Columna publicada en La Segunda, 06.06.2017

«Ganar la batalla cultural contra el Frente Amplio». En eso consiste el mayor desafío futuro de la actual oposición, subrayan Jaime Bellolio, Felipe Kast y Hugo Herrera, entre otros. La advertencia es sensata. Los diputados Boric y Jackson están entre los políticos mejor evaluados por la ciudadanía y, de hecho, el año 2021 podrían postular a la Presidencia. Pero, más importante aún, Jackson y compañía continúan «con Atria en la mochila»: aunque sus propuestas nos parezcan muy inconvenientes, ellas se basan en ideas y diagnósticos que otorgan sentido a su acción política.

Para enfrentar a la nueva izquierda, entonces, se requiere comprender la naturaleza de su proyecto. En términos esquemáticos, éste busca incrementar el papel del Estado en desmedro de la sociedad civil (el ejemplo paradigmático es su visión de la educación); y, al mismo tiempo, consagrar la absoluta primacía de ciertos derechos individuales, independiente de toda otra consideración (sus opiniones en materia de aborto y matrimonio son elocuentes). Se trata de un paradójico «estatismo individualista» que, llevado al extremo, puede conducir al despotismo suave que previó Tocqueville. Por lo mismo, conviene recordar la sugerencia del francés: es en la vasta red de familias y asociaciones intermedias —en el  protagonismo de la sociedad civil— donde emerge la alternativa a esa clase de estatismo. Cuando se piensa la vida social a partir del puro individuo no sólo se ignora la complejidad del fenómeno humano, sino que fácilmente se tiende a un Estado tutelar, y viceversa.

Si lo anterior es plausible, una respuesta suficiente al Frente Amplio exige elaborar un proyecto robusto y de largo aliento, inspirado en premisas diferentes a las suyas, y con sustento no sólo en el ámbito de la eficiencia, sino principalmente en el plano de la justicia y legitimidad. Un proyecto de tal índole supone articular principios políticos —subsidiariedad, solidaridad, bien común—, un diagnóstico desapasionado del Chile postransición, y propuestas específicas que atiendan a aquel diagnóstico desde dichos principios. El «Manifiesto por la República y el  buen gobierno» fue un aporte en esa línea, y por ello cabe destacar su prolongación en el reciente libro «La mayoría de las ideas. De la retroexcavadora al  Manifiesto republicano» (Ediciones El  Mercurio, 2017). Ahí asoma una auténtica visión de país, que reivindica categorías propiamente políticas, como república, nación (abierta) y sociedad civil.

Este enfoque permite situar la preocupación por las valiosas libertades personales en un cuadro más amplio, que hace visible las tensiones que trajo consigo la modernización capitalista de las últimas décadas, abriendo un horizonte que todavía admite nuevos desarrollos.

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